miércoles, 18 de noviembre de 2009

Extracto.

-¿Cerraste la puerta?
-Sí, pero pensé que daba lo mismo.
-Es costumbre, ¿ya?. Si sé que da igual.
-¿Y ahora qué?
-Ahora... ahora nada. Hasta aquí llega mi idea, mi guión.
-Entonces creo que hay que reescribir ciertas partes. Reescribir gran parte de tu vida.
-Que lata. En ese caso prefiero acostarme y fumar.
-Nada que ver, Andrea. La cuestión es clara: te hace falta soltarte, nada más. Dejar de lado esas viejas manías. Total, ya nadie te anda persiguiendo la cola como antes. Esa cuestión es pasado ya. Un asunto lleno de polvo.
-Olvídalo, ¿ya?
-Ok. Pero dame un beso.
-Eso sí es algo que te puedo dar.
-Eso sí es algo que "te atreves" a dar.


Borrador/2007.
más simple de lo que imaginas.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Four phrases.




A veces uno tiene la manía de mirarse en el espejo e inspeccionarse. Mirarse y tratar de ubicar si es que falta un pedazo de piel, una oreja, algún pelo. Algo. Tratar de averiguar si es que la sensación de estar incompleto se refleja en el cuerpo.
A veces, para estar completo, basta un café, un frappé, un cigarro. Quizás un chocolate. En ese sentido, da lo mismo, pues la sensación termina durando un par de minutos y se va. Y el vacío, los cajones abiertos sin nada adentro, quedan expectantes, preguntando con voz seria cuando llegará algo.
La gente jura que cuando uno está vacío tiene que esperar. Que el mundo se alineará para completarlo. Que el destino es lo suficientemente buena onda para darte todo en bandeja de plata. No es tan así. Y si pasa, generalmente da lo mismo: llegue lo que llegue de ese modo, se va tan fácil como llegó. La vida, o lo que sirve en ella, es en relación a la dificultad de obtenerlo. O perderlo. ¿Y qué pasa si uno gasta su vida y más? ¿Qué pasa si uno invierte o da todo lo posible dentro de uno por más? Es una apuesta. Uno puede perder o ganar. O ganar y perder y luego ganar. Y uno tiene que estar lo suficientemente seguro de ganar para apostar, o sería una completa locura. Personalmente, nunca estoy lo suficientemente seguro de ganar. Pero aposté. ¿El resultado? Está a la vista: estoy feliz.
Y estar feliz no significa tirarse a las flores. Significa gastar más, esforzarse más. Entregar más de lo que uno dio como pie de la cuota. Ser más. No es una lata, porque en el fondo, uno obtiene su parte de felicidad. El resto de la misma llega cuando la sonrisa que querías dibujar en tu cara la terminas dibujando en la cara que tienes al frente.
Cuando veo tus ojos, achinados, con los pómulos altos y mostrando los dientes, todo termina completo. Caerse al suelo, decir una tontera, algo, por muy estúpido que sea, termina siendo lo mejor si es que ríes. Curiosamente es cuando lo haces que todo valió la pena. Todo atrás. Incluso las páginas amarillentas y un tanto arrugadas.
Todo valió la pena cuando me abrazas y siento que respiras con dificultad. Con una canción de fondo pegada en tus orejas. Como una tonada -de alguna película que hemos visto- con lágrimas, tuyas y mías. Quizás comer ravioles o caminar de la mano en silencio por las mismas calles que nos han visto juntos y separados una y otra vez. Quizás solo estar tirados en tu cama o en la mía, casi durmiendo o compartiendo secretos. Todo termina valiendo la pena. Todo: el mundo, la gente, los días trabajando, los ridículos, los idiotas, todo se banca y termina valiendo la pena.
Puede ser que te enojes, puede ser que te pierdas un día dentro de las películas tristes. Puede ser que no estés de acuerdo, que me mires y pienses que estoy loco. Puede ser que todo pase al mismo tiempo, pero aun así, si vuelves a reír, es suficiente. Si es tu cara la que refleja que sí estás -mirándome fija tratando de ponerme nervioso-, es suficiente.
No pido mucho. Quizás nada. Sólo pido que sonrías. Sólo pido que cuando las mareas pasen, que cuando abra los ojos y el viento deje de soplar, me mires y te rías. Aunque ya no tenga brazos, aunque esté en coma.
Aunque todo el mundo se haya disparado en la sien y las tiendas esten cerradas.

Digo todo esto porque la vida pasa. El mundo gira y nadie tiene suficiente poder para frenarlo. Lo digo porque en el caso de que mañana ya no esté, este es mi testamento, mi salvavidas. Quizás mis últimas palabras o las que me gustarían que fuesen. Lo digo porque mientras esté aquí, no me canso de ver tu cara, acostarme en tu cuello y escuchar canciones. Lo digo porque hoy, ahora, tengo todo el derecho del mundo de decirte que: i love u more than anything in my life.
And i do.
Yes, u know i do.


Porque, a pesar de lo que algún mal pensado pueda pensar, todas las noches me acuesto contigo. De alguna u otra forma termino pensando en ti.
Y eso -esto, las cuatro frases de something about us, lo que te escribo, lo que las canciones dicen cuando las oigo contigo, lo que me dices, lo que escribes en tus mails- es lo que vale cuando el día cae y se acuesta a soñar.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

De ridículo a patético.

Hay gente tan, pero tan ahueoná, que cuando despiertan, juran que son felices. O sea, les das la mano y te pasan la pata y se echan y son feliz. Les sueltas la pata y se deprimen.
Hay gentan tan, pero tan ahueoná, que cuando hablan, juran que son felices. O sea, te hablan un ratito con huevás mega rebuscás y procesadas por años y te prometen mar, tierra y cielo. Si les dijiste que no, usan los más bajos recursos para salvarse.
Hay gentan tan, pero tan ahueoná, que cuando un juego comienza, juran que son felices. O sea, le pones la reglas, las etapas que tienen que pasar y juran que el juego se volvió realidad. Y al final aparentan huevás que ni siquiera saben cómo se aplican en realidad.
Hay gentan tan, pero tan ahueoná, que cuando les das una farsa, juran que son felices. O sea, dentro de sus patéticas vidas que ellos mismos crean, les das una mentira y se tiran de guata a ella y te la compran completa.

Después de ver tantas veces lo mismo... ¿cómo no voy a creer que está repleto de ahueonaos mire donde mire?
En todo caso -y no necesariamente aplicándolo al contexto de esa conversación-, alguien me dijo ayer: "Si pa eso están po, si no, ¿a quién aplastamos? Tiene que haber gente huevona".

Exacto: tiene que haber gente huevona.

Because u can't cheat a cheater, because u can't lie a liar.












(y las piedras, a quienes le caigan *-*)

martes, 3 de noviembre de 2009

Post it.

Es injusto sentir dos cosas al mismo tiempo. Tener en frente unos ojos mirándote y haciéndote sentir bien. Y por el mismo lado, algo extraño, como si el ambiente te pesara. Como si todo estuviera más denso de lo normal. Lo que significaba era obvio, el problema, era en qué concentrarse para salir mejor y no perder. Y no arruinarlo todo -más de la cuenta-.
Me sentí torpe, debo decir. Bastante culpable e irresponsable. Sentí que todo lo que siempre he sido o trato de ser no estaba a mi lado en este preciso momento. El peor de todos, claro. A veces no me importa, cuando sucede; pero, si ocurre cuando estoy en algo que sí me importa, me destruye. Me caga. Totalmente.
Sé que este día tiene las horas contadas. Los minutos, en realidad. Sé que este día significa sólo minutos para mí. Que después de esos minutos ya no habrá más lunes.
Y también sé, para mi pesar, que los pocos minutos de lunes que tuve los desperdicié.
Such an idiot.
Such a fucking fucking fucking idiot.

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Notes to self:
  1. Tengo cinco exámenes que hacer. Al menos la mayoría es fácil.
  2. Tengo que cambiar mi sueño, está matándome.
  3. Necesito reordenar alguna "prioridades" secundarias.
  4. Tengo que crear un plan ahora mismo.
  5. Tengo que hacer caso y aprovechar cada segundo.
  6. Tengo que cambiar mi sueño, está matándome. (repetida)
  7. Tengo que usar google ahora ya.
  8. Tengo que buscarte, mirarte y besarte.
  9. Necesito aprender a ponerle temática a los sueños para no despertar mala onda.
  10. Tengo que dejar de ser tan idiota hueón tonto ridículo lelo menso tarado hueón.
  11. Tengo que crear OTRO plan ahora mismo.
  12. Tengo que crear OTRO OTRO plan ahora mismo, para evitar catástrofes.
  13. Quiero mostrarte algo.
  14. Tengo que matar a alguien.
  15. Tengo que tomarme un café en Starbucks para reordenar mi cabeza y mi vida.
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Hey, wake up! this is for u! just for u!
._.



miércoles, 28 de octubre de 2009

Una petaca frente a Copec.

¿Qué pasó por su cabeza -mareado, tirado- entonces? Esta no era la mejor solución. Tampoco lo más digno de su parte: quedar borracho y tirado porque sí, frente a la gasolinera que delimitaba oriente con centro. Patético. Totalmente.
Quizás sólo fueron sus rollos o su egoísmo un tanto comprensible de no querer compartirla con nadie. Quizás sólo eran unos sueños de niño o tonteras de "adultos". Al final de cuentas, sea cual sea la cuestión en sí, lo que era importante saber, era que estaba fuera de control. De balance. Tener el miedo colado en los huesos lo hacía sentir mucho más paranoico de lo común. Lo peor radicaba en que su miedo consistía en pensar que no era suficiente.



¿Y qué pasa cuando realmente no eres suficiente?
Viene algo llamado reemplazo. Y ser reemplazado es una de las peores cosas de este mundo.



miércoles, 21 de octubre de 2009

Don't.

Desde el sábado en la noche tengo un presentimiento. Desde el sábado en la noche que pensé ignorarlo.
Si todo es así...
¿Por qué hoy vuelve a aparecer en mi cabeza?

martes, 20 de octubre de 2009

Final feliz.

¿Y qué hacía después? Las respuestas eran vanas. Estaba yo y nada más. La cordillera se hacía lejana mientras más me sumergía en el centro. Pensando tonteras -"¿donde estás? ¿por qué tengo tanto miedo? ¿qué hago para no perder? ¿qué quieren de mí si no tengo nada que ofrecer?"-, mirando las tiendas cerradas y las calles vacías. La bohemia estaba en pleno esplendor, con gente semi-ebria deambulando por las orillas. Abrazados, inquietos, muertos de la risa. Supongo que un vodka no me haría mal, pero también supongo que terminaría peor.
La gente estaba estancada en las esquinas, algunos con cara de bajoneo, otros con residuos de fracaso. Estaba atrasado. Muy atrasado, tanto, que en realidad ya había pasado todo un día.
Llegué a las orillas del Mapocho y me apoyé en la baranda mirando hacia el horizonte. La brisa era fría y las nubes cruzaron rápido. No sé si fue mi estado de ánimo, no sé si fueron las nubes, no sé si fue el viento o la inevitable realidad, pero me quebré. Esto no había pasado en años. Sentir de nuevo las gotas saliendo desde de adentro era una sensación que parecía ser nueva. Me sentí un idiota. Me sentí torpe. ¿Cómo cresta no me había dado cuenta de todo?
Marcela había desaparecido y yo aun quería negarlo. Pensé que todo estaba tan perdido, pensé que tantas cosas se habían trizado aquel día en el aeropuerto que me cerré. El futuro que había pintado y planeado durante años con ella se habían esfumado en una decisión de un par de meses. Esperaba, todo el tiempo, que mis planes se trazaran en la realidad, armando ese final feliz que siempre se espera. Y ahora lo comprendía, ahora estaba todo claro: el final estaba. Y no era este; el final feliz siempre estuvo. Era cada momento y no me daba cuenta.
Recién había sido capaz de entender que los finales felices no eran el final del trayecto. Los finales felices eran cada momento en que ya habías alcanzado lo que -paradójicamente- te hacía feliz.
"Nadie me dijo que los finales felices tenían final" era precisamente lo que pensaba cuando los berridos de mi llanto se hicieron insoportables.
Una nube dio para pensar. Una nube como la gente, una nube como uno. Uno es como una nube que se pierde y nadie sabe donde vas. Y de repente te desapareces. Y de repente te das cuenta que planeaste tanto el final que nunca fuiste espontáneo. Que nunca disfrutaste cada momento.
Y ahora, ahora que lo entiendo, el final ya no es feliz.




El ruido del Mapocho comenzaba a ser opacado por los pasos de las multitudes que salían de los bares, tratando de caminar balanceándose hasta casa. Sentí pasos cerca mío y pensé que me iban a robar. Miré hacia atrás y callé. Y creo -no estoy seguro- que me tragué las lágrimas y sonreí.
-Rubén.
Me estaba mirando con las maletas como arrastradas. Me estaba mirando llorando, jadeando, pero sonriendo.
Era Marcela.