lunes, 3 de agosto de 2009

Horas que acumulan minutos.

Las horas que acumulan minutos. Eso lo escuché en una canción. Hoy es lunes, madrugada, con frío, quinta región, entre Villa Alemana y Belloto -o Quilpué-, pieza al lado de la escalera, segundo piso y a media hora de que el metro comience a funcionar. Y muy por el contrario a lo mal o deprimente que pueda sonar, las horas han acumulado minutos. Y algunos, bastante buenos. La mayoría, se contrasta demasiado con varios minutos guardados.
Uno muchas veces no cacha qué onda. Uno se pone en tal pará y piensa que todo será así. Mala o buena, da lo mismo, si uno lo cree así, al final termina viéndolo todo de la misma forma: todo blanco o todo negro. A veces, uno puede estar con una idea o un rollo que da vueltas infinitas veces y basta salir un rato, irse a un lugar lejano o poco habitual, conversar, mirar la ventana del tren, pisar una plaza escondida, estar en una casa con onda y ni darse cuenta de la hora. Un poco de eso basta y sobra y a uno le cambia toda la frecuencia. Como que el campo limpia, una onda así. Y no sé po, como que se sueltan las ideas, los rollos, la quijada; y retoma la gana y todo eso. Y uno se siente algo más libre, algo más inundado de un aire con cero smog. Puro.
Quizás, unas palabras de aliento más y además, alguien te lee de pies a cabeza y uno sólo ríe porque todo es verdad. A veces, uno no asume cosas que en realidad pensaba hasta que alguien ajeno o desconocido te lo dice. Y uno cae en cuenta. Y cacha, le puede poner nombre a algo que parecía tan difícil de reconocer.
Y al final del día, todo son sonrisas.

Minutos. Sigo acumulando minutos. Quizás con otro aire, pero con las mismas cosas en la cabeza : la misma buena onda, la mismas ganas, la misma confianza y los mismos sentimientos. En un momento, pensé que me habían enseñado a volar y de la nada, en pleno vuelo, me cortaron las alas o el motor y paf! a suelo. Pero ahora trato de pensar que era más que nada que había que volar bajo un rato. Todo pasa por algo, y esto, ni nada, es la excepción. Los finales no son finales, dicen. A veces algo tan irremediable parece así porque algo se agrandó de la nada. Uno puede que tome lo más mínimo y si lo infla demasiado, parece un gigante, cuando es un globo lleno de aire. Y a veces, las cosas más grandes o importantes, se minimizan porque uno no sabe cómo actuar cuando se lo presentan por primera vez. Es así la cuestión del aprendizaje. Y todos, a cada rato, estamos aprendiendo.
Y es más fácil aprender riendo que llorando. Pero llorar es necesario para reír. Y yo cacho que ya pasó el tiempo de llorar, ahora queda reír e intentar caminar de nuevo. Intentar otra vez. Se puede partir de cero, o se puede partir de las cenizas, da lo mismo, se puede construir igual.
¿Yo? Tengo lista mi pala, el cemento, el overol y la sudadera. Y las ganas.
Ahora, sólo ver que se puede hacer.
Y reír.
¿No?
Sí, totalmente sí. Total, hacer el loco o algo son cosas que uno puede sentir bajo la piel, pero también se pueden esfumar. Uno tiene que tomar las oportunidades no más. Y dejarse llevar por lo que uno siente en lo más profundo de uno mismo. Y desde ahí, desde adentro, tirar una línea hacia adelante y caminar. Porque si uno jura y se re-jura a si mismo que algo vale la pena -toda la pena, toda la posible pena y más-, hay que hacer todo al alcance de la mano para seguirlo.
Y yo, hasta el día de hoy, creo que vale la pena.
Completamente.


(:

1 comentario:

Lumiere dijo...

Que alegría leer eso proveniente de ti

TU puedes

:)