sábado, 10 de enero de 2009

Sábanas ajenas.


[14:26pm]
Estás en un cuarto y comienzas a darte vueltas sobre la cama, que parece que está igual desde hace días, algo nervioso y con el cuerpo mojado. Es un cuarto nuevo, pero que te ha visto de todas las maneras posibles, tal cual el tuyo propio. Ese donde tienes un cajón en el mundo, tú pequeño espacio dentro de toda la realidad.
Fotos, cartas, cuadernos, poleras y cds que han estado contigo por mucho rato.
El ventilador sirve de poco, el calor que se cuela por las paredes es igual.

Estás y no está tan mal, después de todo. Te sientes bien, pero raro, dentro de una cápsula que te aparta de lo que solías pensar.
Tomas un marco y mientras observas la foto, subes a todo lo que da el volumen del notebook.

Te miras y ves hacia atrás, como tratando de medir la distancia con pasos, desde ese momento hasta hoy. Pero no es melancolía, ni nada por el estilo. Más que nada, es sólo un momento de observación. Un rato de despeje, que, para nada inesperado, conlleva estar tirado sobre la cama y recordar cosas. Pasarse películas de lo vivido. Re-ver una y otra vez esas películas que tanto te gustan.
Algo así, nada del otro mundo. Nada tan raro como se podría pensar de ti.

No sabes que suena, sólo sabes que estás en un estado de semi-letargo, sintiendo la brisa que se adentra sobre tu piel, tratando de apalear el calor de la forma más sana posible. Cubos de hielo se derriten en un vaso tirado en el suelo, mientras sientes que tu cabeza comienza a tener una temperatura mayor. Una jaqueca, una respuesta al evidente calor que baña toda la inactiva ciudad.
Es un viernes como cualquiera, como todos los que no tienen mayor importancia. Lo presientes, hoy nada grande va a pasar.


[5:12am]
Increíble que sigas en la misma posición. El día fue una suerte de intercambios entre el sonido del computador, la televisión y el ventilador que sigue sonando. Deberías apagarlo. Sólo un rato más, ¿no?
Tus pies están donde debería estar tu cabeza, totalmente opuesto a como deberías estar tirado en una cama, con el pelo revuelto y mojado, después de una ducha, en boxers, aun despierto. Sábanas ajenas que están impregnadas con tu propio aroma, ese que desconoces, pero que te dicen que es reconocible a distancia. Ni idea, no te puedes oler.
Miras al techo que te cubre hoy, en una ciudad distinta a lo que usualmente puedes digerir. Piensas que deberías hacer algo para acelerar los procesos. Los de mañana, claro, no los de tu vida. Nunca te ha gustado acelerar el curso natural de tu propia historia. Sería quitarle el gustito al guión extraño que prepararon para ti.

Relees.
Rebobinas.
Resumes.

Un día lento, un calor insoportable y unos párrafos sin coherencia.
Después de todo, no parece nada del otro mundo.

Mañana deberías levantarte y salir a caminar.
Días como estos, los puedes tener en casa.

2 comentarios:

Roberto dijo...

eso de pasarse películas es más entretenido de lo que suena...

Gero dijo...

Ye he tenido días como esos. Es raro cómo estos día pueden durar semanas.
¡Ah! Nunca había visto el footer "todos los derechos e izquierdos reservados"... Jajaja!
Saludos.