Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de octubre de 2013

Quedabas esperando ecos que no volverán



Separarse de la especie
por algo superior
no es soberbia es amor
no es soberbia es amor
Poder decir adiós
es crecer

sábado, 13 de octubre de 2012

Despertar en 0.

Me dijeron que las canciones se acumulan con el tiempo como motas de polvo en los zapatos.
Me dijeron palabras que nunca esperé escuchar y que ahora se apilan también sobre mis zapatos.
Me acuerdo de las noches de lluvia con música, empapado hasta los huesos, cantando a todo pulmón, muerto de frío, pero que sumando la lluvia, era todo perfecto.
Me acuerdo de las veces que desgasté mis suelas de las zapatillas por tanto deambular por Av. Valparaíso y que el final siempre era en 6 norte, en el roquerío derecho, pasado el borde cortado de concreto, dos rocas más adelante donde estaban -ya no, el otro día pasé y ya no existe- las líneas en pintura blanca y corrector de todas las veces que fuí.
Me recuerdo lo mucho que odio Valparaíso y lo lata que me da pisar Quilpué, ambos límites de Viña. Y que a pesar de ser tan amplia, cuando la miras de cerca y sin necesidad de lupa, te das cuenta de lo pequeña que es. De lo -aún- provinciana que es.
Me recuerdo lo mucho que falta y poco que queda. Los sueños que le he contado a mi almohada, porque nadie más los podría escuchar. Las pesadillas que me han despertado y de las que antes escribía y que hace unos años aprendí a guardar, pero no teclear.

El otro día sacaba fotos, tratando de acostumbrarme a mi cámara, en el centro. Me interné por muchos lados y terminé siempre girando en torno a la costa. Pasó ese caballero que siempre veo: el mudito que anda con flores. No me hizo el mismo gesto que me hizo una vez.
Pasé por las rocas y ya no eran las mismas. Cuando me quedé parado en algún punto entre 7 y 9 norte, me di vuelta y me observé cómo había cambiado el lugar. No era tanto, pero ya tenía otra forma. Un leve dejo de cambio, una muy prematura nueva cara. Hace tiempo que aprendí a tomarle el peso a los años que cambian, pero aun no puedo creer que no me de cuenta cuando ocurre. Que sea en momentos así, solo y sin nada que hacer, cuando se me ocurra ver mi agenda o caer en cuenta del tiempo que ha pasado.
El cielo estaba rico, con un sol tibio pero sin quemar. Sin frío. "Si fuera más de frente, o un poco más valiente, no bastaría con dejarlo todo así" suena en el iPod. Fue cuando el frío asechó que me comencé a marchar. Aun sigo sintiendo raro caminar por Av. Libertad solo, al anochecer.
Por cierto, ninguna foto salió buena.

[...]

No, en serio.
Ninguna foto salió buena.

68617920756E207365637265746F00

lunes, 11 de junio de 2012

Fantasmas.

Cerca de las 8 y veinte, y en las calles menos posibles, con las coincidencias de la tarde.
Los atajos extraños y el perturbante hielo del silencio, más el frío de la tormenta que viene en camino.
A veces es extraño como funciona la vida, ¿no?
Fantasmas que circulan las mismas calles que uno pensó no caminar.

Está haciendo frío.


domingo, 1 de abril de 2012

In my imagination.



But I crumble completely when you cry,
It seems like once again you’ve had to greet me with goodbye
I’m always just about to go and spoil the surprise
Take my hands off of your eyes too soon


I’m going back to 505, if it’s a 7 hour flight or a 45 minute drive,
In my imagination you’re waiting, lying on your side,
With your hands between your thighs...




... and a smile.


viernes, 2 de diciembre de 2011

No tengo nada que esconder.



Lo intento todo para ser
Mejor de lo que fui
De lo que fui hasta ayer.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Meanwhile: working the machine.

A veces me dedico a ver el espacio infinito como un bucle de tiempo que quedó encerrado en la realidad. La verdad de las cosas es que mi deseos se mezclan con el exquisito aroma de los problemas del mundo. Es esta vida y este mundo, esta cadena de coincidencias, de materia y acciones lo que provocó que hoy estuviera aquí.
Desde mi nacimiento no han sido más que coincidencias. Hermosas o lateras coincidencias.
A veces me gusta pensar en el destino, a veces sólo dejarme caer en que son las coincidencias y los errores los que suceden. A veces sólo pienso que es el destino disfrazado de coincidencias.
Nadie más que uno sabe lo que su corazón busca. Donde está su norte, cuál es su futuro diseñado en papelitos de cuaderno.

Pero, ¿qué más da? Si la vida sucede aunque nosotros no queramos. Las coincidencias están día tras día y son las personas y nosotros mismos los que aparecemos de vez en cuando buscando algo de paz.
Correr a algunos brazos, caminar por la playa o comer un cupcake; la vida tiene lo suyo.
Pequeño.
Nimio.
Escondido.
De uno.
Pero existe.

Y al final da todo igual y a la vez importa en demasía.
Al final, en la noche, sólo resta soñar.
Y desear la mejor de las suertes.


Little memories, marching on
Your little feet, working the machine
Will it spin?, will it sore?
My little dream, working the machine...




lunes, 14 de noviembre de 2011

Because some people are black birds.





Blackbird singing in the dead of night
Take these sunken eyes and learn to see
All your life
You were only waiting for this moment to be free.

viernes, 7 de octubre de 2011

Capital.

Las calles, llenas de rocío, frío y tonos pasteles. Santiago se me hace chico, lleno de estímulos, mientras mi pelo largo se enreda en la puerta mal cerrada del transantiago. Debería cortármelo. Hace rato que quiero.
El olor es familiar, el lugar no. Estoy distante, mucho más allá, de donde me manejo. Estos no son mis territorios. Menos.

Cierro mis ojos para sentirme solo unos momentos, conmigo. Tratar de encontrarme y tratar de seguirle buscando paz a mi alma. En volá.
Los árboles y el pavimento se mezclan, perdiéndose a lo alto en una nube espesa que suelta tímidamente gotas que van delineando una textura sobre la ciudad. Un ruido me hace abrir los ojos: se abren las puertas y me bajo.
Estallan los colores.
Las formas.
Los universos.
Los sentimientos.
Los comentarios.
Los deseos.
La vida.

Y sé y no sé. Es un extraño y compacto espacio, una exquisita entre-pieza de nada, entre ambas caras de una misma moneda. Miro hacia ambos lados y no sé qué escoger. Y busco, dentro de mí, esos momentos que me harían crear. Y no sé, encuentro, pero no los puedo articular.
Cierro los ojos y me concentro en un punto exacto, el culmine de la felicidad. Y juro que sonrío y de la nada, aplausos.
Me largo a aplaudir, también.




Los matices de los neones y los rebotes en el smog tiñen la ciudad como si una aurora boreal cayera en forma de pintura. Los pavimentos se iluminan como si fueran la pista de baile de un local donde tocan música disco. Los árboles brillan en su verde casi de luciérnaga y yo fascinado con sus reflejos en la ventana de la micro. La noche empieza y la lluvia se suma. El horizonte no existe y es como si Santiago estuviera construido justo debajo de las nubes. Me dan ganas de cantar los Bunkers, pero ya no queda nada y tú no estás.

Metro, gente, calles. Quisiera caminar solo. Quisiera perderme por el centro, Los Leones, Ahumada. Visitar el City de nuevo. Caminar la Alameda como por el 2009 y que me duelan las patas, pero sentirme tan lleno y tan feliz.
No estoy mal.
Melancolía se le llama, no más.

lunes, 3 de octubre de 2011

If you are using me, do it slowly; make it last until I have to go.



Hace mucho que no escuchaba esta canción.

domingo, 13 de marzo de 2011

Jaque.

La brisa no me calma. Roza mi piel mientras el auto avanza sin que nada lo detenga.
El sol está fuerte y siento como taladra mis ojos a través del parabrisas y de los lentes del sol.
El campo es el campo. Nada de analogías ni metáforas. Por ahora, por hoy, no siento que me relajo ni nada. Ni los árboles meciéndose ni las praderas, ni los pájaros volando. Por alguna razón lo que sería sinónimo de anti-stress me parece nada. Un campo abierto y vacío, intocable e intachable que no parece perfecto. Y tampoco lo es.

La rutina volvió, dicen. Y me siento como tal. Rutinario y persona-de-sistema. Un número reemplazable dentro de la sociedad. "Bonito", sure.
Al frente de mí, un tipo arrea unas vacas. Un hombre y su hija están sentados en una especie de paradero de madera. El tipo no parece tener más de 38 años y la niña -no mayor de 7- le dice al papá colores, diciéndole que le adivine "quién es". El tipo no la pesca mucho: mira para los lados, no la infla; busca los potos de las minas que pasan. En el fondo, se nota que el tipo no quería ser papá. Menos que esta era la vida que quería. Seguramente a sus 38 hipotéticos años, está pensando en donde debería estar. O qué es lo que debería haber alcanzado para ese momento. Quizás lamentándose por no tener plata y estar carreteando como rockstar y tonteras así. Lata que la vida no es nunca la que quieres. Y ahí hay un asunto.
Un serio asunto.
Uno quiere y no quiere cosas en su mundo. Uno espera tener lo mejor para este mínimo -a veces largo, latero, extenso, retardado, en slow motion, pero siempre igual corto- tiempo de vida: la mina perfecta, la plata, la casa, el auto, los "amigos" -comillas-, las experiencias, los conocimientos y tantas otras estupideces que puedes sacar de cualquier encuesta. ¿Pero qué pasa si ni siquiera sabes donde va tu micro? ¿Si no sabes qué es lo quieres, lo que te mueve, lo que te llena? ¿Qué pasa si quedas varado en el campo más aburrido de tu existencia?
Hay gente que dice que lo peor que te puede pasar en la vida es no saber lo que quieres. No tener ni motivación ni pista siquiera de donde vas a terminar mañana.
Nada que ver.
Lo peor que te puede pasar en la vida es saber exactamente qué es lo que quieres. Ese es el peor caso, la peor situación posible. Porque en ese caso, si fallas -si te mandas un condoro y te cagas tu futuro o whatever; si nada pasó como debía pasar o todo estaba pasando y de un momento a otro acabó-, si no lo consigues: cagaste. Fuiste, finito, capút. Nada más que hacer, compadre. Hasta aquí llegamos.
En cambio, si no sabes donde vas, lo que quieres en tu vida, te mantienes vivo, sobrevives. No sabes que lo que buscas, así que lo que llega lo tomas o lo descartas. Mutas, cambias, te adaptas a lo que pase y te sostienes del momento y de lo pasajero.
Pero me carga esa gente, ese tipo de gente. Al final, sobrevives, pero todo termina siendo insignificante y desechable: la gente, las casas, los lugares, las vacaciones, tu familia, tu propio cuerpo, tu dignidad, tu felicidad -la palabra fe ni cabe-. El problema es ese: no sé bien lo que quiero, pero sé que no quiero ser como ellos. Es una paradoja, quizás, y también un problema sin solución aparente. Un Jaque, pero no Mate. Es un problema que me había planteado, pero nunca con tanta frecuencia, ni con tanta potencia.
Es esto: este vaivén, este sentirte a la deriva y sin nada de donde agarrarse lo que provoca cuestionarme si voy donde debería ir. Siento que estoy en el medio del mar y no sé si tratar de nadar a tierra y rendirme de una y dejar de flotar. Esa era la palabra: flotar. Ahí está: no tengo los mismos cables a tierra que tuve alguna vez.

Extraño tanto y la vez tan poco. Estoy confundido de no poder expresar mis propias confusiones y estoy expectante al tratar de dilucidar si lo que sucede es o no verídico. Si es que algo es real. Porque siempre que tengo algo que parece seguro, al final pasa que no y son los propios hechos los que hablan. Ni siquiera son las dudas: son los cambios, los status, las sorpresas que te encuentras después de despertar las que te susurran en la oreja que te aferres con cadenas o te llevará la corriente.

Antes pensaba que "que colgara una nube sobre mí" era lo peor.
Ahora pienso que ni siquiera yo esté colgando de algo es lo peor.
No cuelgo: estoy a la deriva.
Not a good day for an epiphany.

It barks at no one else but me
Like it's seen a ghost
I guess it seen the sparks a-flowing
No one else would know

Hey man slow down, slow down
Idiot, slow down, slow down

Sometimes I get overcharged
That's when you see sparks
You ask me where the hell I'm going
At a thousand feet per second

Hey man slow down, slow down
Idiot slow down, slow down

Hey man slow down, slow down
Idiot slow down, slow down
Radiohead - The Tourist

sábado, 19 de febrero de 2011

Desde lejos.

Un bolsón con agujeros
Duro de cargar hasta el final

Mejor cerrar la boca
Las palabras ya rebotan
En paredes que no
puedo ver

Deberás creer en nada
para ser feliz mañana
reza y no trates de entender.







La vida cobra tantos sentidos distintos cuando no estás en tu hogar, tu ambiente, tu sitio -aun con la ironía de sentir que no es donde perteneces-.
Flashes mentales. Uhm...
Creo que este hotel me hace recordar cosas que sólo estaban presentes cuando estaba fuera.
No quiero comenzar este ciclo otra vez. 
Pensamientos a suprimir.
Mejor dormir.

miércoles, 22 de diciembre de 2010



Don't let me high,
Don't let me dry.

No es lo que busqué.
Es lo que tú buscaste.

martes, 7 de diciembre de 2010

Autista.

Me acuerdo que cuando caminaba por av. Libertad pensaba que los ciclos que pensé repetibles se volvieron lo contrario. Cuando salí de ella y me encaminé hacia avenida San Martín, las calles aun estaban cálidas y la notoria ausencia de cosas estaba más que perceptible. Me acordé que caminé estas calles acompañados de tantos cuerpos distintos y que ahora ninguno estaba. El ciclo de la vida, le dicen. Algo que aun no me calza del todo.
Si la vida son experiencias nuevas y gente nueva, todo eso implica olvidar. Renovar, cambiar, mutar. Cambia el aire, la gente, las ganas, el cielo, el largo del bigote, lo rápido de los pies. Me parecía y me parece extraño, aislado. Lejos. Nunca me agradó esto de lo súbito. Siempre me costó aferrarme a cosas nuevas, crear algo más que un simple dibujo en un papel. Era tanto el tiempo de aprendizaje, de adaptación, que cuando terminaba se me hacía injusto. Me sentía como recién entrando a un juego donde me sacaron porque la pelota me cayó en la cara. Y puta que me desangró de narices.
El iPod estaba metido en su idea de hilar canciones de Smashing Pumpkins con NIN. Pasé por fuera de Starbucks y revisé mi billetera. No había nada más que los 5 soles peruanos y los 200 pesos colombianos, así que caminé a la playa. Cuando me senté en el escaño de piedra gastada recordé que acá vine con una amiga una vez y que quedó la cagá, porque empezamos una guerra de arena que terminó con mi ojo derecho rojo. Recordé también que una vez vine a llorar. Plancha y de las peores caras de mi vida: fue una vergüenza ajena caminar por ahí.
Estaba aburrido y comencé a ojear el cuaderno de turno. Nunca tengo uno en específico y nunca me acuerdo que escribo en cada uno. Encontré que tenía -entre la materia de un ramo del año pasado- de esas mini-notas que quieren ser cuentos. Apuntes autistas y descargos varios. Junto con un par de anhelos que nunca pasaron. Fue casi como recordar todo lo que quise decir y que nunca dije para no andar sobrando. Para no herir, en una de esas. Si me pagaran por todas las veces que callé y que pude decir algo que realmente quería decir, pero que no dije porque pensé que en el futuro habría algún momento idóneo -tonto, nunca pasó-; no sería millonario, pero tendría de sobra para comprarme un auto. Uno piola y que me serviría como para tirarme al sur. Bencina incluída por un par de días. Fue raro, porque volví a ese trance inútil y sobretocado sobre las relaciones humanas. Y la gente. Ese extraño nexo sobre encajar.
Revisé todas esas películas que había visto sobre lo mismo y que cada vez me identificaban más. Las mismas preguntas y las mismas dudas eternas de sobre cómo funciona la gente. Sus problemas y miedos, sus ganas de ocultarse y arraigarse a uno. La cantidad de secretos y promesas y planes que a uno lo ligan al tiempo con todos los demás. Y como que le tomé peso y lo sentí en mi hombros, así que me desplomé y quedé acostado en la arena. Por suerte, mucha suerte, me quedaba un cigarro. Fue ad-hoc.
Mirando al cielo y buscando la forma de alguna tortuga es que me quedé con la idea de eso. Y descubrí que con el tiempo, con mucho tiempo y harto ensayo-y-error, me obligué a aplastarme dentro de mí y a tratar de fusionar una especie de personaje extrovertido con las cosas que siempre quise decir. Fue como si el autista que siempre fui se aisló aun más dentro de un personaje que controlaba desde adentro. Como haciendo el descubrimiento del siglo -y ni tanto- de que para ser un real autista había que estar rodeado de más gente. Mientras más extrovertido, más se alimentaba el ser solitario e incomprensivo -de la realidad, la vida, la gente, sus sentimientos, sus mundos, sus "verdades"- que se resguardaba detrás de un disfraz. Uno bastante malo, por cierto.
Reciclé harto rato hartas anécdotas y hartas verdades a medias. Un montón de confesiones que sonaron fuerte años atrás y que ahora eran nada. Y traté de pegarme bien fuerte al presente, rogando a dedos cruzados que otra vez las cosas no volvieran a cambiar, pero con el pesimista interno gritando que sucedería over and over again.
Ahí, justo, sonó Jean Michele Jarre y me dejé llevar y traté de apagarme un rato con tal de cambiar de onda.
Al parecer, la frecuencia no fue muy fuerte.
Cuando me paré habían pasado unos 20 minutos. Y vi las siluetas y las huellas en la arena. Y caché que la mía estaba algo más aislada de donde estuvo un grupo. Y a unos 5 cuerpos de huellas de una pareja que caminó junta. Dibujé con un dedo una silueta al lado de la marca que dejó el peso de mi cuerpo y me eché a caminar, borrando cada tanto las huellas de mis zapatillas.
La arena me lo había dejado claro: ser autista -encubierto, camuflado, fuera de foco- no era tan malo, pero cada cierto tiempo -y con mayor fuerza- pesaba.
Y cada vez que eso pasaba, era hora de simular más.
Total, mentir un rato es parte del juego.
Se le llama sobrevivir.
Y en ese juego no iré ganando, pero me defiendo.

"Levemente autista. Como todos los grandes.". 
-Alberto Fuguet.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Little things.

Me gusta cuando me topo con una canción que me llega tan fuerte que siento una vibración en la nuca. Y que recorre mi cabeza y llega hasta mis ojos y se anuda en mi garganta.
Me gusta cuando tengo los pies fríos y encuentro calcetines y me los pongo y siento lo áspero amoldeándose, y mis dedos se sienten duros acostumbrándose al calor.
Me gusta cuando discuto y peleo y todo se va a la cresta y pasa un tiempo y todo duele y luego, un día de esos, todo comienza de nuevo y sientes algo que te invade por volver a retomar lo que se cortó.
Me gusta cuando estoy solo y la luz está apagada. Se oyen ruidos afuera y me siento horrible, hasta que pasa todo y me quedo dormido y al despertar la luz que se cuela por mis cortinas azules me recuerda que puedo volver a conectar.
Me gusta cuando me llega una carta y se puede sentir el olor del brazo que la escribió. Y las letras no son iguales y el papel se dobla un poco. El sobre mal cerrado y sin estampilla.
Me gusta cuando una película acaba y no me siento tonto por llorar.
Me gusta cuando comparto un trago y siento que mi vaso no lo vacío sólo yo. Sabe mejor, creo.

No me gusta cuando está todo bien y latente, cuando todo tiene una razón y las piezas concuerdan y en un sólo instante, la vida gira y todo lo que fue ya no es y la gente se va y nadie dice nada y todo lo que debía ser dicho se consume dentro de las gargantas que nunca más volverán a conversar.
No me gusta cuando los silencios aproximan y te anuncian que hay tanto debajo que no sale y que te mantiene alerta y no te deja dormir porque sientes el tic-tac y las paredes hablar.
No me gusta cuando los ciclos se repiten, interminables, a pesar de intentarlo todo de nuevo y más que antes y desgastarme mentalmente por algo mejor, pensando para peor y que al final no servirá de nada.
No me gusta cuando me revuelco en las sábanas y pienso en el futuro y me aterro y el cúmulo de cambios se mete en mi pecho y aterra cada célula, cada vello, cada fragmento de piel. Y no se va.
No me gusta cuando un cigarro muere en el cenicero sin ser fumado y no quedan más. Y me lamento el tiempo que gasté, acariciando las cenizas, deseando que todo estuviera en su sitio de nuevo.
No me gustan las mañanas de domingo, ni de lunes, ni de miércoles, ni de jueves, ni los 6 de cada mes, ni la primera mitad de mayo, ni la primera mitad de marzo, siquiera la primera mitad del año.
No me gusta cuando callas y sé que hay más.

Pequeñas cosas que calan. Pequeños asuntos que amontonan como polvo sobre las yemas de los dedos.
En todo caso, cada día es eso: pequeñas cosas.
Y cada pequeña cosa crea una consecuencia mayor.
Para bien o para mal, siempre mayor.
And I'm just a man.
Sadly.

martes, 9 de noviembre de 2010

Love Cats.



Si usted no me entiende, no se preocupe, no se caliente la cabeza.
Si usted me entiende, siéntese, espere y guarde silencio.
:D

jueves, 7 de octubre de 2010

A House is not a Home.

Creo que le tengo terror a las conversaciones uno a uno. No es una cuestión que me haya dado cuenta ahora, pero últimamente me ha pasado con más frecuencia que antes.
Creo que todo pasa porque en determinado momento de una conversación equis no sé qué decir. No se me ocurre nada y comienzo a sentirme paranoico y responsable del hilo de la conversación. Como que si yo no hablo, el incómodo silencio será inminente. Creo que son pocas o contadas las conversaciones –más bien, las personas- en las que sé que no tengo que rellenar. O sé que si el silencio viene no será tan incómodo como el usual. En todo el resto, ese pequeño miedo acusa de alguna u otra forma.
Tengo la idea que fui diseñado como el conversador aledaño. Ese que cuando dos o más personas están platicando, opina de vez en cuando, pero lo escucha todo. Agrega. Es como un condimento, nada más. Y supongo que no es porque no tenga nada que decir, si no que lo que tengo que decir no viene al caso o es un mero detalle. O en una de esas sí es válido y útil, pero pienso que no será tomado en cuenta.
Hoy me pasó camino a clases, en el metro. Me encontré con varios que no veía hace años. También me pasa en Messenger, pero ese medio tiene la gracia de que estás escudado: puedes desconectarte, cambiar el estado o si no contestas en mucho rato puede hasta pasar piola. Es al momento de los cara a cara cuando sucede. Face to face.

Este tema me asalta porque, como dije, últimamente es más a menudo. Esto, yo cacho, es porque en estos meses he conocido demasiada gente nueva. Muchos de los cuales no estoy ni ahí en conocer o haber conocido. Conexiones por la u, por amigos de amigos, por motivos tipo accidente, por mera casualidad. Hay unos cuantos, sí, que desde este año vengo conociendo y se han vuelto permanentes. Incluso, un par, más que eso. Algo así como confidentes. O algo que ayuda a sanar.
Es el resto –la manga de idiotas que populan por ahí- los que estorban. Con los que más me cuesta –y ni me interesa- rellenar. Molesta sólo cuando es alguien que me importa, o que me produce algo, que me llama la atención.

Mis clases terminaron hace un rato. Deambulo por las calles costeras de viña. Estoy sentado en una plaza a la que vine hace un par de meses, por razones extrañas. Estoy con el note y hago un trabajo. Hacía, más bien, abrí una nueva hoja y el trabajo quedó en stand by.
Hace poco fue mi cumpleaños. Fue una cuestión sumamente extraña.
Antiguamente, cuando chico, mis viejos solían celebrarme los cumpleaños. Recuerdo que tampoco fueron tantos, pero que el último fue, lejos, uno de los más bacanes. Fue en mi segunda casa y yo tenía como 11 años. Me llegó un Pikachu de regalo y estaban todos mis amigos. Las cuadras de esas calles donde vivía eran enormes y a las faldas de un cerro. Varios corrían hacia abajo en skates, mientras otros jugaban en el patio con mi papá.  La mayoría metidos en el Super Nintendo y en la sensación de esos años: el Nintendo 64. Jugamos hasta que era muy tarde a las escondidas en las calles de mi casa. A las escondidas, qué tiempos. Tengo en mi mente las imágenes exactas, como si hubiera sido ayer. Lo recuerdo todo claro y nítido. Demasiado nítido.
Ese fue el último cumpleaños que celebré. Años después se transformó en una cuestión de onces y algo más íntimo. A excepción del año pasado, que ahora no es más que un recuerdo complejo. Pero que de algún modo está asentado en mis buenos recuerdos, aun, cuando no quisiera que estuviera allí…

Este año, para cambiar, para reventar la rutina y tratar de avanzar –moverme, cambiarme, alejarme- lo quise celebrar a lo grande. Eran como 43-45 personas –se me fue el número- todos metidos en un local. Debo decir que más me estresé que la pasé bien. Pasaron demasiadas cosas, demasiados entorpecimientos e incidentes que no se pudieron evitar. Fue extraño, y más bien, apocalíptico. Terminé decepcionándome de mucha gente, y asombrándome de unos pocos. Me asusté ene, me urgí caleta. Sucedieron muchas cosas que no tenía planeadas ni nunca debieron suceder. La pasé mal. Hubo un momento en que todo se arreglaba, que me comencé a relajar y a pasarlo bien y otro incidente ocurrió y todo se me fue a la cresta. Estaba ebrio e iba por buen camino y terminé más sobrio que todos y con una cara que me llegaba hasta el piso, lo sé.
No lo he explicado mucho, ni a mucha gente, pero fue una cuestión que dolió. En varios ámbitos. Cambió muchas cosas. Cambió mi percepción de mucha gente. La mayoría para peor.
Incluso, pude morir. Y no estoy hueviando. Tampoco es metáfora. Un choque de autos no es una metáfora.
Todo terminó detonando demasiadas cosas. Se rompieron un par de cadenas y se soltaron muchas de las bestias de la caja de Pandora. Moraleja: nunca más. O nunca más mientras no sea en una casa donde puedas controlarlos a todos.
Estuve un par de semanas dándole vuelta a mis amigos –o a la gente que conozco, como le expliqué a una amiga mientras tomábamos café-. Puedo apostar que sólo aposté por un par. No más allá que la cantidad de dedos en mis manos. Sin considerar el dedo que tengo fracturado.
Incluso, también, cuestioné a los más cercanos. Y a la sangre.
Fue todo un maldito error.
Yo quería terminar ebrio y feliz. Terminé sobrio y enojado.
Y sintiéndome más solo que acompañado por tanta gente.
Suele suceder.




(Parénteris)
A cada tanto me pasa, desde hace un tiempo, que veo tu silueta en la calle. Siempre son errores, siempre es alguien más. Cada vez que sucede siento lo mismo: extraño, casi ajeno, lejano, demasiado, porco cuerdo, injusto, desierto. Detesto que suceda. Detesto el tiempo. Ver las fotos y los videos lejanos. Esos antes de que aparecieras. Mucho antes, cuando era tranquilo y freak y, casi, feliz. Era distinto. Fue un antes y un después. Sigo siendo el mismo, pero ya no actúo igual. Antes era más libre, antes no me costaba reírme de mí. Ahora el mundo es distinto, ahora no tengo la misma cara que hace 6 años.
Pasó de nuevo y una silueta similar. Es intrigante, de vez en cuando. Es extraño olvidar. O, es, más extraño pensar que el resto de tu propia vida recordarás algo que después de tanto tiempo se verá como una foto de antaño, en sepia, arrugada como la piel. Con sus colores perdidos, con la imagen borrosa. Con todas las risas y lágrimas impresas en papel cuya consistencia se ha perdido de tanto ser arrastrado.
Ahora, cada vez que pasa, cada vez que diviso la tenebrosa silueta, muy similar, casi idéntica, giro la cabeza.
Y miro a otro lado.
Aun, cuando duela.
(Cierre Paréntesis)





Esa noche me acuerdo que soñé muchas hueás. Dormí mal y con frío. No sé cuánto tiempo después el pensamiento no salió más. Igual han pasado pocas semanas. Y creo que la única vez que lo he podido expresar casi completamente fue esa tarde con café y compañía. Y aun así no me quedó del todo claro –la película, el hecho, el torbellino de ideas sin forma- lo que quise decir, lo que sentí y lo que siento.
El día pasa rápido y tengo ene que hacer. Creo que sólo me siento solo, harto. Tanta gente y ni una mano que sostener, algo así. No sé si es por el tiempo, por las circunstancias, por las caras o por no saber donde largarme a llorar.
Mi cara mantiene la misma sonrisa idiota que tengo desde que tengo uso de razón, pero en el fondo, soy un cabro chico que está solo, en un aeropuerto, cuya familia tomó un avión y lo dejó atrás. Y no puede volver a casa, porque no tiene dinero. Y no podrá ver a sus amigos más. Ni a sus juguetes, ni a su casa.
En el fondo, dentro en el alma –quizás- tengo un berrinche de soledad.
Y lata porque mi cabeza no pare de recordar.

Oh, please, say to me
You'll let me be your man
and please, say to me

You'll let me hold your hand
Now let me hold your hand
I wanna hold your hand

And when I touch you I feel happy, inside
It's such a feeling
That my love
I can't hide
I can't hide
I can't hide 
 
 

lunes, 6 de septiembre de 2010

No Alarms and (no) Surprises, please.

Es una noche extraña. El camino se hace ancho, mientras una leve brisa corta tus mejillas. No sabes si son los focos de luz o algún extraño fenómeno que produce que la noche no sea tan oscura como debe ser. Los perros ladran al verte pasar. Supones que la música del iPod suena muy fuerte y los altera.
"Aquí no se ven estrellas y no hagas metáforas de ello, en serio". Bueno. Estás ansioso, algo inquieto. Tienes sueño, lo sabes, pero la motivación de llegar a casa rápido -sin ninguna recompensa, pues sabes nada te espera, demasiado tarde- te hace caminar a prisa. Como aquella vez que llegabas tarde y te llamaron y corriste y la pasaste bien. Ahora es distinto: ahora es volver por volver.
Desearías tener motivos, claro, pero no están. 
Sientes el deseo incontrolable de poder deducir, de dejar de estar pasándote rollos y tratar de ver las señales claramente. Si es que las hay. Tener una cuota de claridad y darle el victo bueno: pieza por pieza. Saber si lo que decía tan claro esa frase en un libro es verdad. Si pasa lo del estómago o no, si lo que juras es o no.
Tienes ganas de conversar, no sabes de qué. Varias cosas rondan tu mente: la motivación de la gente por algo más, los antiguos rituales de los cultos, del amor, de la religión, de las vidas de la gente que has oído, de los posibles cuentos que quisieras escribir. Quieres oír, saber más de alguien. Que te cuente sus cosas, sus secretos, contar los tuyos incluso. Sentir complicidad, hablar de la vida e irse en la poética. Oír, escuchar; en una de esas opinar. Sabes que tienes tanto por decir. Te imaginas que alguien más tendría tanto para contar, pero no lo hace por no tener conexión, ni nexo, ni lazo. Quieres armar algo, sentirte conectado, no como radical libre.
Te falta algo y lo sabes. Conoces el problema. Es algo en lo que estás trabajando hace tiempo, pero sigue latente, existe, está, se ve, se nota, se palpa, se huele, se intuye, se presenta casi como amigo.
Deberías dormir, es cierto. Sabes que mañana reclamarás porque habrás dormido poco, por haberte quedado en el pc escribiendo quién-sabe-qué, pero ya será tarde para arrepentirse. Da igual.


Llegaste a tu casa. Cuando entraste casi todos dormían. El perro en la cocina intentó aferrarse a ti cuando te fuiste a hacer algo para comer, pero nada pasó. Estás en tu pieza comiendo fideos mientras un cigarro muere en el cenicero del sur. El gallo tras tu pieza canta y tú odiándolo por no saberse la hora. Estás vacío, escribiendo, ya que nadie conversa. Tu inquietud no encuentra calma, sólo se queda permanente, hasta que te duermas y sea lo que sea que sueñes te lo mantenga a raya por un par de horas. Lo que tú necesitas -crees- es una tarde relajada, un café de Starbucks -quizás un Mokaccino- una cajetilla llena de Lucky Strike rojo y una conversación profunda, quizás simple, pero llena. Algo que calme tu curiosidad de la vida. Algo que te haga sentir que sigues humano.
Terminas de escuchar a Johnny Cash -Hurt, siempre Hurt- y la tele en mute. Las imágenes en la tele, por mucho que no escuchen te hacen sentir menos solo. Como si hubiera gente en el espacio vacío que es tu pieza. Así los posters no son los únicos que sientes que te miran.
¿Cuál es tu pretexto de no estar durmiendo en este mismo momento? Ah, claro: esperas que el cigarro y el poco de bebida que tienes se acaben para cerrar los ojos. Ojalá que la cafeína no retraiga el mismo sueño que tuviste anoche y muchas noches antes. Es ese mismo sueño que se repite desde que tenías 12: el de la sangre y los fragmentos. A veces odias que se haga presente.
Compadre, necesitas un libro. Necesitas algo que leer, ahora. Si no, el metro será más aburrido de lo normal. Oír música sin leer ya no basta. Qué complejo con ese asunto: nunca es suficiente, siempre quieres más. Recuerdas Se Arrienda: "¿Te parece que ser ambicioso es malo?". No.
Tic tac. Son las 5:04. Tienes una ganas increíbles de agarrarle el pescuezo a ese gallo y afixiarlo hasta morir. Es como una alarma. Como una muy molesta alarma, como esas cuando sólo quieres dormir y no deseas que nada te despierte. Sólo pasar de largo, sin soñar, sólo durmiendo y agotando las horas en un pestañeo que parece sólo un segundo; una metáfora de tiempo que te sumerge en todo un día perdido.
Oye, ¿cómo es la cosa? ¿Quieres o no quieres dormir?
Se acabó el cigarro y la Coca-Cola. So?
No Alarms and No Surprises, please.
Aunque en lo de las sorpresas es algo en lo que podríamos tranzar.
¿Cierto?



A heart that's full up like a landfill,
a job that slowly kills you,
bruises that won't heal.
You look so tired-unhappy,
bring down the government,
they don't, they don't speak for us.
I'll take a quiet life,
a handshake of carbon monoxide,

with no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
Silence, silence. 

lunes, 23 de agosto de 2010

Siniestra


Ya no puedo sostener
Mi estafadora fe en mí
Olvidé decir, así,
Que no debo morir por ti

Y tu risa miserable
Clavó su uña en mi pecho
A diestra y siniestra
Sin razón

El amor un basurero
Donde respirar
Un bolsón con agujeros
Duro de cargar hasta el final

Mejor cerrar la boca
Las palabras ya rebotan
En paredes que no
puedo ver

Deberás creer en nada
para ser feliz mañana
reza y no trates de entender

sábado, 17 de julio de 2010

23:296:5:49:18 y contando.

Anoche la luna estaba menguante. Anoche, estaba, tratando de ver una película lo más relajado posible. Anoche estaba tratando de evadir todo de nuevo.

Los cigarros en el frío no me hacían de lo mejor, lo admito. Es curioso como pensé tan poco en lo que pensé sería el tema "mental" del día. Lo evadí, supongo. Hasta dormir, donde salió.
No puedo si no asustarme al ver algún diálogo de algún libro o serie o película que sea preciso. Ad-hoc, correcto, preciso. Me di cuenta, que, a pesar de cómo ha pasado el tiempo, todo lo anterior, lo que me ha formado y deformado, lo que ha estado escondido en mi memoria y todos los tropiezos; todo sigue igual de fresco. También, me di cuenta que sí pude ser feliz. A medias. siempre algo debe tambalear, supongo.
Me veo ahora y no puedo dejar de preguntarme cuándo será el día, el lapso, en que las cosas tengan un sentido. Ese día en que todos los entornos de mi vida, cada rincón, cada sutil ámbito sea correcto. Veo ese Facebook que me muestra imágenes de gente que parece estar en onda, bien, sanos. Con todo lo que podrían desear a sus 18, 19, 21, 23, 25 años. Ya van 23 años y nunca ha estado todo bien. Regular, mejor, decente. Una vez, incluso, casi en la cresta de la ola. Sintiéndome tan bien y tan poderoso y tan capaz. Y aun así, no era capaz de todo.
¿Cuál es el impedimento?
¿Cuál es la manía de ocultarlo todo?

¿Cuándo será el tiempo en que esté completamente tranquilo?

Es como si mirara mis cenizas y no renazco. No salgo, de nuevo.
Veo mi presente y sólo me queda esperar el caerme de nuevo. Y no saber cuales serán las consecuencias. O qué sucederá luego. ¿Vale, quizás, la pena seguir intentado?
¿Vale la pena seguir buscando lo que no tiene ningún nombre?
No sé donde quedó mi motivación. No tengo idea. Si repaso los 23 años, 296 días, 6 horas, 0 minutos y 24 segundos que llevo vivo mientras tecleo esto y los comparo -esa mala manía- con las vidas de los que tengo cerca y conozco y quizás aprecio, nada se parece. Las similitudes, están. Algunos roces en el camino. ¿Por qué todos -o la gran mayoría de ellos- encontraron su camino?
Aun no lo he hecho. Aun está todo tan frío que se siente como cuando partí.
Quizás, puede ser, nunca he pertenecido del todo acá. Lo he escrito millones de veces y la duda sigue igual. Me encantaría saber, creer, que la gente está destinada a encontrarlo en algún momento. Que la búsqueda principal queda despejada y que sí queda tiempo para las búsquedas para llenar el alma.
Puta, ¿qué cresta hago?
¿Es válido pasar por esto de nuevo?

¿Cómo evito sentirme fracasado, de nuevo?
¿Cómo evito borrar las sonrisas otra vez?

Preguntas. No respuesta.
Todo pasa por una razón, ¿no? Ojalá. Sería ideal.
Necesito derrotarme a mí mismo. Vencer algunas paredes, botarlas de una vez por todas. Están añejas, tienen muchos años y comienzan a apestar. Y a doler. La maleza no tarda en crecer.
¿Cómo fue que a pesar del silencio creado por un metro cuadrado fue capaz de albergar una voz anteriormente? ¿Cómo fue que pasó?
Todo esto me sigue matando. Slowly. Creo que antes estaba anestesiado. O drogado con compañía. Ahora la soledad tienen una dependencia de mí.
Y al parecer no es tan fácil de matar.

Necesito sacarme todo esto de adentro... necesito poder volver a hablar...
Necesito contarlo, necesito saber que puedo sanar.

A quién sea que le toque: lo siento.
Discúlpenme por no saber caminar.
Discúlpenme por no saber cómo vivir.

"Hay imperios, hay países, continentes, cicatrices que duran para siempre".

sábado, 19 de junio de 2010

Duplicates and triplicates.

Que esté lleno, completo, a full de rabia no es una cuestión que en el fondo me sorprenda. Es sólo que cuando detona, huevea. De lo lindo, apesta. Me saca de quicio. De orden.

Tantos años aguantando tanto. Tantas noches bajo la ventana viendo como los ribetes de humo suben hacia la nada. Tantas veces que debí gritar o sacarle la chucha a alguien y no lo hice.
Eso es lo raro, lo enfermo, lo que raya en la bipolaridad: soy y me considero un tipo tranquilo. Calmo. Que trata de pensar fríamente. Pero esta esto, este hervir de la sangre. Esta presión en las venas que espera explotar.
El problema es que cuando algo detona, todos los motivos anteriores se suman. Y se duplican y triplican. Y de ser un sólo evento, termina siendo toda una vida de rabias en un segundo. Un segundo que no termina y que se extiende, que se jacta de eterno. Que cuenta y cuenta las veces que mi pie golpeó el sillón donde me sentaba. Que se entretiene con las imágenes en mi cerebro: con sus caras, sus tonteras, sus putas vidas. Sus actos enfermos, sus excusas hueonas. Su mentiras, su egoísmo disfrazado de lealtad. Sus ojos, sus ropas meciéndose con la brisa.
Odio sus fotos, que salgan de la nada. Odio todo lo que los relacione. Odio cualquier insinuación.
Odio. Completamente.
Tanto que sabe mucho mejor que el amor o cualquier huevá de esa índole.
Cualquier estupidez similar.

Cada día y un poco más. Cada día voy perdiendo mi fe en la humanidad.
Cada día y un poco más. Cada día el anhelo de escapar de sus enfermizos lazos se hace más real.


Más y más real.



Wakey wakey rise and shine
It's on again off again on again
Watch me fall like dominoes
In pretty patterns
Fingers in the blackbird pie
I'm tingling tingling tingling
It's what you feel not what you ought to
What you ought to,
Reasonable and sensible
Dead from the neck up
I guess I'm stuffed, stuffed, stuffed
We thought you had it in you
But no, no, no
For no real reason


Squeeze the tubes and empty bottles
I'll take a bow, take a bow, take a bow
It's what you feel not what you ought to
What you ought to,
The elephant that's in the room
Is tumbling, tumbling, tumbling
And duplicate and triplicate and
Plastic bags and
Duplicate and triplicate

Dead from the neck up
I guess I'm stuffed, stuffed, stuffed
We thought you had it in you
But no, no, no
Exactly where do you get off?
Is enough
Is enough
I love you but enough is enough,
Enough of that stuff
There's no real reason
You've got a handful of feathers
You're gonna melt into butter