Las calles, llenas de rocío, frío y tonos pasteles. Santiago se me hace chico, lleno de estímulos, mientras mi pelo largo se enreda en la puerta mal cerrada del transantiago. Debería cortármelo. Hace rato que quiero.
El olor es familiar, el lugar no. Estoy distante, mucho más allá, de donde me manejo. Estos no son mis territorios. Menos.
Cierro mis ojos para sentirme solo unos momentos, conmigo. Tratar de encontrarme y tratar de seguirle buscando paz a mi alma. En volá.
Los árboles y el pavimento se mezclan, perdiéndose a lo alto en una nube espesa que suelta tímidamente gotas que van delineando una textura sobre la ciudad. Un ruido me hace abrir los ojos: se abren las puertas y me bajo.
Estallan los colores.
Las formas.
Los universos.
Los sentimientos.
Los comentarios.
Los deseos.
La vida.
Y sé y no sé. Es un extraño y compacto espacio, una exquisita entre-pieza de nada, entre ambas caras de una misma moneda. Miro hacia ambos lados y no sé qué escoger. Y busco, dentro de mí, esos momentos que me harían crear. Y no sé, encuentro, pero no los puedo articular.
Cierro los ojos y me concentro en un punto exacto, el culmine de la felicidad. Y juro que sonrío y de la nada, aplausos.
Me largo a aplaudir, también.
Los matices de los neones y los rebotes en el smog tiñen la ciudad como si una aurora boreal cayera en forma de pintura. Los pavimentos se iluminan como si fueran la pista de baile de un local donde tocan música disco. Los árboles brillan en su verde casi de luciérnaga y yo fascinado con sus reflejos en la ventana de la micro. La noche empieza y la lluvia se suma. El horizonte no existe y es como si Santiago estuviera construido justo debajo de las nubes. Me dan ganas de cantar los Bunkers, pero ya no queda nada y tú no estás.
Metro, gente, calles. Quisiera caminar solo. Quisiera perderme por el centro, Los Leones, Ahumada. Visitar el City de nuevo. Caminar la Alameda como por el 2009 y que me duelan las patas, pero sentirme tan lleno y tan feliz.
No estoy mal.
Melancolía se le llama, no más.
viernes, 7 de octubre de 2011
Capital.
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23:12
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Levanta(n) la mano.
martes, 4 de octubre de 2011
That is what happened then.
-What happened to your sock?
-Long story. Bottom line, I realized that sometimes love means taking a step back.
-Well, not always. I mean, sometimes it's better to interfere and sabotage stuff, right?
-Well, I think if you care about somebody, you should want them to be happy, even if you wind up being left out.
-Wow.
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21:05
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Levanta(n) la mano.
jueves, 29 de septiembre de 2011
Lo olvidaste.
Alguna vez, con el tiempo, iba a ocurrir.
Supongo.
Me dicen por interno que un cuarto de siglo no es nada.
No sé cuánto me compro de eso.
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20:31
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Levanta(n) la mano.
sábado, 25 de junio de 2011
Disco duro.
En un repaso rápido y mental (sin papel ni lápiz a mano), el cálculo de los fragmentos de tramas escondidas y palabras atoradas supera la cantidad de años que llevo más el doble de lo que me quede multiplicado por... harto. A veces, esto de ser paño de lágrimas, ser interesado, preocupado, tener algún grado de empatía que termina en que gente de todos lados te cuenten cosas que no necesariamente quieres saber, te cala. Te crear un par de problema cuando tratas de definir lo que es tuyo y lo que no está en tu carne. Sirve, literariamente. Podría escribir varios cuentos alguna vez, pero para todo lo demás es como una responsabilidad que nadie nota. Que es sutil y que desaparece tan rápido como los que te contaron se viran de tu vida y cierran la puerta de golpazo. La responsabilidad se fue, la memoria queda. Los implantes de caras pegadas en lo interior de la corteza del cerebro, esos ojos y bocas y narices y composiciones extrañamente armónica de sus rostros permanece. Es como un lápiz negro, duro, permanente, dibujando un graffitti en el retrete de tu cerebro: sin irse, sin lavarse, añejándose con los años adquiriendo el color café que deja el tiempo, algo mohoso, pero visible igual.
Lo que no me queda claro es por qué no puedo olvidar. Estoy harto de no poder dejarme avanzar y mantener tantos recuerdos de todos atados en mi pecho que, una vez aliviados, terminan en un cuarto lleno de kilómetros de cinta en 32mm. Haya pasado o no, quedan. Para siempre. A menos que un día me caiga de cabeza y mi cerebro se escurra por las rendijas de las calles.
No es justo que sea así. No es justo que sea el único incapaz de olvidar una vez que el que ya no está ya olvidó todo. No es simple saber que uno vuelve a quedar solo, suceda lo que suceda, en un mundo que se acumuló sobre las sienes, provocando esos horrorosos dolores de cabeza que parecen agujas de medio metro insertadas hasta la espina.
Si alguien recuerda algo, que me mande una postal. Sería agradable saber que por alguna vez, no soy el único que tiene todo tan vivo, a todo color, incluso con los aromas, aunque ya haya pasado tanto tiempo.
Necesito un serio formateo.
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19:46
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Levanta(n) la mano.
Me suena como a Realidad
lunes, 16 de mayo de 2011
Say what u need to say.
"Now the drugs don't work
They just make you worse
But I know I'll see your face again"
Yo no sabía cómo reaccionar.
Hasta hoy no lo sé.
No me queda claro en qué punto soy, fui y seré.
No me queda claro el cómo se siente la textura de la vida.
No me queda claro por qué arrepentirme si la decisión no fue mía.
No entiendo el juego, pero lo juego.
Sus reglas no son claras, pero se juega.
No escogí estar, pero aquí vivo.
No escogí lo que pasó, pero me forzaron a aceptarlo.
Creo, que después de todo, no podre nunca parar de pensar mientras viva en lo que pasó cuando pasó.
En lo que nunca será mañana.
Why?
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22:06
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Levanta(n) la mano.
Me suena como a Paréntesis, Quote, Realidad, Recuento
jueves, 7 de abril de 2011
The right place at the right time.
Dicen -y vi en una serie hace un rato- que todo lo que te sucede es porque el universo se pega giros bruscos para que estés donde tengas que estás en el momento adecuado.
Si fuera así, significa que los 195 minutos en los que debí estar en clases se alargaron en 210 porque yo debía evitar que pasar ese camión enorme que cortó el transito 15 minutos antes, para así poder llegar y tomarme esa cerveza y luego juntarme con alguien y después ir al metro y perder el número porque debíamos hacer más tiempo para cuando al salir de la otra estación nos encontráramos con alguien más y luego salir de su casa y comernos esa hamburguesa que tenía demasiadas ganas de comer ese día y con grata compañía; por ejemplo.
Puede ser. La cosa es que si es así, los movimientos mega-macro-cósmicos son realmente extraños, por decir menos. Eventos que no me calzan del todo bien, como si fueran poco lógicos o algo así. No, nada malo sobre ello. De hecho, una parte de ello ha sido bastante grata. Es esta otra parte, la algo más tediosa y que viene desde hace harto más la que aun no entiendo qué papel juega en todo esto de el-lugar-perfecto-a-la-hora-indicada. Shit happens, pero fuera de eso: aun no entiendo donde va todo. Donde quedará el punto final de donde debí estar y a la hora que debí estar. ¿Y si ya pasó? No sé, para qué ser tan pesimista.
Divago, retomo: la cosa es que quizás me emociona un poco saber que si toda esta teoría es correcta, pensar donde estaré. Y qué hora será. Si es que sucede, debo agregar un memo mental:
Pasó, ve la hora.
Listo.
Quién sabe qué cresta tendré que hacer o qué más pasará para que eso suceda. Supongo, y me imagino, que debe ser algo bueno para que tanta agua haya pasado bajo el mismo puente reconstruído tantas veces.
Y aunque me emocione pensar que calza con mi forma de ver la vida, supongo que también debo tomar lo otro que se dice: "Disfruta el viaje". Y aunque el viaje a veces se vea demasiado opaco, y que este blog se llene de tantas entradas negras en el futuro, debo admitir que a veces el viaje trae sorpresas. Buenas, malas, irónicas, bobas, brutales. Tampoco ha sido un viaje tan malo. Además, cuando llegue al final de la historia podré contarla de nuevo, pero esta vez, sabiendo todos los extraños detalles que provocaron EL final.
Por ahora, y supongo que como recordatorio propio también: siempre se puede mejorar. Nunca es tan tarde, y si te esmeras mucho, puedes obtener otra oportunidad más. La cosa es quererlo, creo.
Mejor dormir y dejar que este pensamiento random se vaya conmigo a la cama.
Quién sabe, quizás cuando despierte mañana muerto de sueño y con ojeras y lagañas en mis ojos, aun me la crea.
Ojalá que sí.
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Me suena como a Never Forget, Random, Realidad, Recuento
miércoles, 30 de marzo de 2011
No button to stop.
Es este estado, este sentido inconexo y poco apegado a la realidad; estos sueños que poco tienen de onírico, incrustados como cataratas en mis ojos, nublando la realidad. Es esta incandescencia que siento en el alma, este tirar en los brazos y la grava en los pies lo que me hace caer. Sentarme, acostarme, taparme.
Música, fuerte. Coldplay, Radiohead, Entwine, Incubus, Foo Fighters. Joy Division, Placebo, The Beatles, Oasis.
No se apaga, no tiene switch. Cada vez que sucede, la angustia invade lo más dentro de mis entrañas. Es cargante no poder controlarlo o enfocar todo este asunto en juegos, trabajos, música o alcohol.
Una vez que me atrapa, no sale hasta que se calmó. Es así desde que años tengo.
Soy un tipo que no sabe lidiar con saber y hacerse el hueón.
Soy un tipo que no sabe lidiar con querer y no tener puta idea.
Soy algo entre el equilibrio y el sacarse la chucha.
La noche gira y gira, apilando canciones como donde pasó un tornado. El corazón no calla, la mente tampoco.
Los datos parecen triviales, siento como si los recuerdos me estuvieran siendo arrebatados.
Y no me gusta, no me agrada, no es la sintonía. No es no. Y el silencio es peor.
¿Cuántas veces deberé estar en la misma situación, en la misma habitación, con las mismas palabras trabadas en la boca, esperando que alguien se de vuelta a siquiera mirar?
El mundo no para de cambiar.
Y yo me sigo quedando atrás.
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21:29
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Me suena como a Realidad
domingo, 13 de marzo de 2011
Jaque.
La brisa no me calma. Roza mi piel mientras el auto avanza sin que nada lo detenga.
El sol está fuerte y siento como taladra mis ojos a través del parabrisas y de los lentes del sol.
El campo es el campo. Nada de analogías ni metáforas. Por ahora, por hoy, no siento que me relajo ni nada. Ni los árboles meciéndose ni las praderas, ni los pájaros volando. Por alguna razón lo que sería sinónimo de anti-stress me parece nada. Un campo abierto y vacío, intocable e intachable que no parece perfecto. Y tampoco lo es.
La rutina volvió, dicen. Y me siento como tal. Rutinario y persona-de-sistema. Un número reemplazable dentro de la sociedad. "Bonito", sure.
Al frente de mí, un tipo arrea unas vacas. Un hombre y su hija están sentados en una especie de paradero de madera. El tipo no parece tener más de 38 años y la niña -no mayor de 7- le dice al papá colores, diciéndole que le adivine "quién es". El tipo no la pesca mucho: mira para los lados, no la infla; busca los potos de las minas que pasan. En el fondo, se nota que el tipo no quería ser papá. Menos que esta era la vida que quería. Seguramente a sus 38 hipotéticos años, está pensando en donde debería estar. O qué es lo que debería haber alcanzado para ese momento. Quizás lamentándose por no tener plata y estar carreteando como rockstar y tonteras así. Lata que la vida no es nunca la que quieres. Y ahí hay un asunto.
Un serio asunto.
Uno quiere y no quiere cosas en su mundo. Uno espera tener lo mejor para este mínimo -a veces largo, latero, extenso, retardado, en slow motion, pero siempre igual corto- tiempo de vida: la mina perfecta, la plata, la casa, el auto, los "amigos" -comillas-, las experiencias, los conocimientos y tantas otras estupideces que puedes sacar de cualquier encuesta. ¿Pero qué pasa si ni siquiera sabes donde va tu micro? ¿Si no sabes qué es lo quieres, lo que te mueve, lo que te llena? ¿Qué pasa si quedas varado en el campo más aburrido de tu existencia?
Hay gente que dice que lo peor que te puede pasar en la vida es no saber lo que quieres. No tener ni motivación ni pista siquiera de donde vas a terminar mañana.
Nada que ver.
Lo peor que te puede pasar en la vida es saber exactamente qué es lo que quieres. Ese es el peor caso, la peor situación posible. Porque en ese caso, si fallas -si te mandas un condoro y te cagas tu futuro o whatever; si nada pasó como debía pasar o todo estaba pasando y de un momento a otro acabó-, si no lo consigues: cagaste. Fuiste, finito, capút. Nada más que hacer, compadre. Hasta aquí llegamos.
En cambio, si no sabes donde vas, lo que quieres en tu vida, te mantienes vivo, sobrevives. No sabes que lo que buscas, así que lo que llega lo tomas o lo descartas. Mutas, cambias, te adaptas a lo que pase y te sostienes del momento y de lo pasajero.
Pero me carga esa gente, ese tipo de gente. Al final, sobrevives, pero todo termina siendo insignificante y desechable: la gente, las casas, los lugares, las vacaciones, tu familia, tu propio cuerpo, tu dignidad, tu felicidad -la palabra fe ni cabe-. El problema es ese: no sé bien lo que quiero, pero sé que no quiero ser como ellos. Es una paradoja, quizás, y también un problema sin solución aparente. Un Jaque, pero no Mate. Es un problema que me había planteado, pero nunca con tanta frecuencia, ni con tanta potencia.
Es esto: este vaivén, este sentirte a la deriva y sin nada de donde agarrarse lo que provoca cuestionarme si voy donde debería ir. Siento que estoy en el medio del mar y no sé si tratar de nadar a tierra y rendirme de una y dejar de flotar. Esa era la palabra: flotar. Ahí está: no tengo los mismos cables a tierra que tuve alguna vez.
Extraño tanto y la vez tan poco. Estoy confundido de no poder expresar mis propias confusiones y estoy expectante al tratar de dilucidar si lo que sucede es o no verídico. Si es que algo es real. Porque siempre que tengo algo que parece seguro, al final pasa que no y son los propios hechos los que hablan. Ni siquiera son las dudas: son los cambios, los status, las sorpresas que te encuentras después de despertar las que te susurran en la oreja que te aferres con cadenas o te llevará la corriente.
Antes pensaba que "que colgara una nube sobre mí" era lo peor.
Ahora pienso que ni siquiera yo esté colgando de algo es lo peor.
No cuelgo: estoy a la deriva.
Not a good day for an epiphany.
It barks at no one else but me
Like it's seen a ghost
I guess it seen the sparks a-flowing
No one else would know
Hey man slow down, slow down
Idiot, slow down, slow down
Sometimes I get overcharged
That's when you see sparks
You ask me where the hell I'm going
At a thousand feet per second
Hey man slow down, slow down
Idiot slow down, slow down
Hey man slow down, slow down
Idiot slow down, slow down
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14:57
1 Levanta(n) la mano.
Me suena como a Historias cortas., Música, Never Forget, Realidad
sábado, 19 de febrero de 2011
Desde lejos.
Un bolsón con agujeros
Duro de cargar hasta el final
Mejor cerrar la boca
Las palabras ya rebotan
En paredes que no
puedo ver
Deberás creer en nada
para ser feliz mañana
reza y no trates de entender.
La vida cobra tantos sentidos distintos cuando no estás en tu hogar, tu ambiente, tu sitio -aun con la ironía de sentir que no es donde perteneces-.
Flashes mentales. Uhm...
Creo que este hotel me hace recordar cosas que sólo estaban presentes cuando estaba fuera.
No quiero comenzar este ciclo otra vez.
Pensamientos a suprimir.
Mejor dormir.
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3:50
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Levanta(n) la mano.
Me suena como a Música, Paréntesis, Realidad
viernes, 28 de enero de 2011
Insomnio incoherente.
Las mañanas ya casi siempre me parecen iguales. Las mañanas parten con Friends y las noticias aparecen tipo las 8. La ventana semi-empañada ocultando una día que se levanta medio nublado. Quizás, con algo de suerte, algo de Coca-cola queda en la botella. Siento mis pulmones hinchados en humo, contraído. Siento mis ojos pesados, pero el sueño me repele. Una vez escuché a alguien que dijo -o quizás lo leí- que cuando uno soñaba se metía en el mundo perfecto. Creo que me sucede todo lo contrario.
Hoy me levanté -no me acosté- con la cabeza revuelta. Como si mi cerebro fuese una olla a presión con agua hirviendo. No veo salir el vapor. Siento como si las venas de mi frente se hincharan, casi como anunciando que mi cabeza quiere hacer corto-circuíto. Tengo miedo, yo cacho. Tengo lata. Tengo y tuve todo y siento como si fuera nada.
Veo los callos y cortes y las uñas mordidas de mis manos y es como si todo lo que ha sucedido hasta hoy es un mero capítulo de una serie que no vi más. Todo lo pasado y el hoy son como nada. Como si hubiera estado durmiendo, como si lo hubiera inventado en mi cabeza, jugando con mis peluches. No sé si lo que sucede conmigo es algo permanente o es algo que salta de a poco. Pensaba que ya menos que antes.
Pensaba que a mi cabeza le era más fácil ocultar. Olvidar no es una opción, ocultar y hacerse el hueón era la fórmula perfecta. Era.
Me veo al espejo y tengo unas ojeras gigantes. Miro mi pelo largo y me pregunto todo lo que han visto, todo lo que han sentido y todo lo que ha pasado y que nunca volverá a pasar. Miro mis ojos y noto que las venas no están hinchadas como pensé. Están algo rojos. Ojalá tuviera Clarimir.
Caché, de la nada, divagando, extraviándome; que tengo tantas cosas que preguntar. Lo penca, lo lata, es que son ese tipo de preguntas que no debo hacer. De esas que sólo deben quedar entre tu pensamiento y el inconsciente. Preguntas que cansan, latean, aburren, extinguen, absorben de una manera tan enferma que las preguntas más importantes de la vida parecen ser triviales. Y creo que me están consumiendo y me da esa especie de paranoia de preguntar: A ver, con quién es tu lealtad, ¿conmigo o con quién nunca te aportó nada más que la mano una vez que salió una problema tan mínimo que duró menos de un mes?
Ya no sé en quién contar. Pero eso no es lo que pasa, es una consecuencia. No, no es el problema: es el residuo.
Supongo que cuando un alma es fracturada, no se vuelve a unir. Y si es que sana, no sana igual. Supongo que cuando uno es traicionado o herido o golpeado, nunca vuelve a ver un mismo evento similar como algo seguro. Siempre hay algo escondido, una paranoia, un sentimiento perseguido que no te deja pensar igual. No te deja disfrutar, vivir, respirar igual.
Sea lo que sea que suceda conmigo, no me gusta. No me agrada cerrar los ojos y despertarme de súbito con las mismas caras incrustadas en el interior de mis párpados, recordando todas esas canciones y lugares y seres extraños, en situaciones cuáticas, en días memorables que ahora no tienen significado alguno. No estoy de acuerdo con, cada tanto, sentir que todo lo que camina es mi enemigo y que todo lo que sucedió alguna vez murió conmigo y que la vida, para siempre, nunca más, hasta que de mi último respiro en esta puta tierra, sucederá.
¿Tan poderosa es una decisión?
¿Alguien mide, alguna vez, las consecuencias que tienen?
Me siento torpe. Me siento niño.
Siento que la vida ha avanzado tanto, que el cronómetro ya ha marcado tanto y yo recién estoy terminando de leerme el manual. Y, aun así, si me hicieran una prueba ahora mismo reprobaría.
Es simple: no tengo salvación, nunca me podré acomodar a la realidad.
Piensa en las cosas que te hacen sentir
cada segundo vivir o escapar
Este momento y la gente al pasar
Sientes por dentro que todos se van
Sientes por dentro que todos se van
Sientes por dentro que todos se van…
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8:54
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viernes, 7 de enero de 2011
De la fuerza.
Si pudiera ser sincero un momento, quedaría la escoba. Estoy seguro. Lo que pasa es que uno siempre anda con sus secretos y todas esas cosas que uno tapa para que nadie sepa donde atacar. Con el tiempo me he dado cuenta que eso de la confianza y todo lo que conlleve, es una cuestión complicada, sí, pero más que eso: es un punto de no retorno. Es como ser un superhéroe y llegar y contarle a alguien que la kriptonita es tu debilidad. ¿Qué pasa si esa persona se transforma en tu némesis? Todo eso que llevó a formar un lazo, una relación, una amistad, lo que sea; todo lo "bonito" y "buena onda", lo agradable, los ratos que estuviste tirado en un sillón conversando se transforman en la flecha que ahora tení atravesá en el pecho. Algo así.
Tampoco es por ser paranoico, pero así es. No es la última vez que pasará.
Antes era muy curioso. Mucho más de lo que soy ahora. Siempre salía mal, pa-trás, herido, lateado. Todo, lo que en el fondo se oculta, es porque no debería ver la luz jamás. Y eso cuesta entenderlo. Con eso de la confianza y de querer saberlo todo, de querer compartir, de saber que las caras que uno ve son las reales y que no hay nada abajo que pueda pinchar y cortar; uno esperar que no hayan secretos sucios, oscuros, rastreros.
Pero la mayor parte del tiempo los hay. Y más vale hacerse el huevón que estar decepcionado todo el día. Por eso aprendí a mitigar las ganas. A buscar menos, a hacerme el sordo, a no ver.
Es eso o cerrarme permanentemente a la idea de poder contar con gente real y con lazos reales.
Comillas: "reales".
Hace un rato revisaba, daba vueltas. Pasó lo que podía ocurrir. Filo, supongo. Podía pasar.
La cuestión es que no sé de qué va todo esto. No sé qué tanto de antes y de ahora ha mutado en mí. Por la cresta, si hay algo que es cierto es que siempre he sido sincero. Y ahora que me acordé de un par de cosas, pienso que la gente jura de guata que olvidé todo y todo lo que habré dicho alguna vez. Y no, -a veces benditamente, a veces todo lo contrario- no se ha ido nada. No he olvidado las promesas del año pasado, las del anterior, las del colegio. Las extrajeras y las locales. Las a cara o en escrito. Las camufladas en algún cuento que escribí.
Igual no es fácil. No es fácil que algo pase y uno trate de saber cómo reaccionar. Y a veces aunque uno eche de menos o lo que sea, no es tan fácil perdonar. O siquiera volver a decirlo por algo de sanidad mental. Cualquier cantidad de gente que se ha ido o uno ha sacado de su vida por equis motivo y que en el fondo nunca volverán. Y gente que llega todos los días y aparecen y no tantos se quedan como solían quedarse antes. Mientras más pasan los años, más aumenta el handicap de la vida, yo cacho.
A veces me gustaría ser ermitaño y ahorrarme todo esto de las relaciones humanas. Con algunos lo paso bien, sí, pero nada me garantiza salir perdiendo mañana. Supongo que si lo intento, si sigo tratando de confiar -que a veces sucede, no lo niego y me asombra, mucho, demasiado y agradezco ene cuando pasa- es porque trato de sobrevivir. Experimentar, en el fondo, es porque supongo que mientras más complicado, aprendo más.
Es curioso, pero hablando de esto imagino cómo se borran las palabras que alguna vez habré dicho a alguien, esfumándose en humo de los cigarros que se van apagando y cómo se queman las palabras y letras que habré puesto en papel, ahora en el fondo de una pira, borrando el testimonio de lo que haya pasado.
Tantos platos rotos, tantos.
La vida es extraña y no la entiendo.
La gente es extraña y no la entiendo.
Nunca entenderé porque arman tantos enredos en sus vidas y ahogan sus alegrías en vasos de agua, creando tormentas, olas gigantes y arrasan con todo futuro, todo presente. Nunca entenderé por qué cuando son felices salen huyendo.
A veces me gustaría volver, retomar, hablar un rato, hacerme como si nada hubiera pasado, pero mi propia dignidad, mis ganas de querer avanzar, mis ganas de querer crecer y aprender y, por sobretodo, superarme, me hacen todo más difícil de aceptar. "A buenas razones, buenas repuestas. A preguntas cortas, repuestas cortas" Como leí por ahí.
Quizás el mañana es más claro. Quizás la vida se pega una vuelta y todo mejora.
Quizás hoy ya se está sembrando lo mejor.
Sería bueno.
Los fantasmas me siguen persiguiendo, pero ya no me asustan. Hay que avanzar.
Los ciclos se repiten, las rotondas interminables donde uno se queda de por vida. Pero, a veces, uno de tanto dar vueltas agarra vuelo y sale impulsado fuera de la rotonda. La cuestión, la pregunta, es la siguiente:
¿Es mejor arriesgarse en lo conocido de la rotonda, o cruzar los dedos esperando que donde uno caiga será mejor?
Siempre se puede estar mejor, dijo el optimista.
Siempre se puede estar peor, dijo el pesimista.
Siempre se puede estar no más, dije yo.
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martes, 21 de diciembre de 2010
Eclipse.
En todo caso, si esto se llama eclipse, no es porque hable de él: es porque no se me ocurrió nada más.
Lo importante -y lo extraño- es que queda poco para terminar. Finalizar este año extraño de una vez por todas.
Sé que me quejo, pero tampoco debería tanto. No pasó tan mal como pensé. Tampoco fue de lo mejor. No supera el año anterior, en el balance general. Digamos que su nota, sin contar el último lapso que se viene ahora sería de un extraño 4.2. Lo único que ha salvado el promedio ha sido lo único bueno que ha pasado después de tantos quiebres -en general y en específicos-.
Lo que es extraño, lo que me causa curiosidad, es ¿por qué ahora? No entiendo. No tiene sentido ni tiene lógica. No me cuadra en lo absoluto. Y creo que fui más cortante de lo que yo mismo pensé que sería alguna vez. Pero no fue mi culpa.
Para nada, sé que yo no hice nada más allá de lo que siempre hice y que no pude seguir haciendo.
Es cuento viejo, sí, pero es parte de lo que me definió alguna vez. Harto. Digamos que tener un disco duro en la cabeza es algo que pesa hasta que se apaga. Ese es el problema: nada se olvida. Nada. Aun se mantiene lo bueno, lo malo, lo rescatable y los días que baneé de mi consciente. Más, si pasa esto.
Más si el hilo, la secuencia de eventos se reactiva después de.
Yo no cacho. Trato de bloquear los impulsos. No hay interés, no hay respuesta. No vivo a base de testeos.
Por muy cruel que pueda sonar.
En todo caso, el cruel en este asunto no fui yo.
Sólo traté de sobrevivir.
Ya no es noche, ya es de día y mis ojos acusan sueño.
Supongo -aunque algo extraño ocurra en el interior y todos esos pensamientos flotantes y gritones que se acumulan en el hemisferio derecho y que calan como punzadas y que se repiten y que son en widescreen, como en un cine- que es mejor dormir. Y dejar los días atrás. Las semanas, las horas, los recuerdos, los vestigios, los imperios, los países, las cicatrices -que duran para siempre- atrás.
Aunque sea lo más difícil que he hecho desde hace mucho tiempo.
Y se sabe -¿usted?- por qué es así.
Y yo nunca mentí. Así que tengo por seguro que sabe es así.
Estoy dando la hora. Ando puro hablando hueás.
¿O no?
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Me suena como a Paréntesis, Realidad, Recuento
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Bruises than won't heal.
Miro al techo y no pasa nada. No llueven cigarros, ni nada por el estilo.
Miro mis manos y no pasa nada.
Miro mi boca y está vacía.
El espejo, creo, es un consuelo que no me queda. No me sirve, no me agrada.
No sé que ha sucedido, ni sé que pasó. Lo que sí sé es que quedé en medio de una tormenta.
Quedé dando vueltas.
Y no quiero girar más.
No sé por qué tuvo que suceder esto.
Justo hoy.
Justo ahora.
Justo al final
Justo cuando todo tenía un orden aparente.
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Me suena como a Insomnio, Paréntesis, Realidad
sábado, 11 de diciembre de 2010
I'm staying.
-What are you doing?
-I said okay.
-Don't pull this, Dale.
-I'm not pulling anything. If you're staying, I stay too. He's right. We know what's waiting for us out there. I don't want to face it alone.
-Dale, get the hell out. I don't want you here.
-Too bad. See, you don't get to do that, to... to come into somebody's life, make them care and then just check out. I'm staying.
The matter is settled.
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Me suena como a Never Forget, Quote, Realidad
martes, 7 de diciembre de 2010
Autista.
Me acuerdo que cuando caminaba por av. Libertad pensaba que los ciclos que pensé repetibles se volvieron lo contrario. Cuando salí de ella y me encaminé hacia avenida San Martín, las calles aun estaban cálidas y la notoria ausencia de cosas estaba más que perceptible. Me acordé que caminé estas calles acompañados de tantos cuerpos distintos y que ahora ninguno estaba. El ciclo de la vida, le dicen. Algo que aun no me calza del todo.
Si la vida son experiencias nuevas y gente nueva, todo eso implica olvidar. Renovar, cambiar, mutar. Cambia el aire, la gente, las ganas, el cielo, el largo del bigote, lo rápido de los pies. Me parecía y me parece extraño, aislado. Lejos. Nunca me agradó esto de lo súbito. Siempre me costó aferrarme a cosas nuevas, crear algo más que un simple dibujo en un papel. Era tanto el tiempo de aprendizaje, de adaptación, que cuando terminaba se me hacía injusto. Me sentía como recién entrando a un juego donde me sacaron porque la pelota me cayó en la cara. Y puta que me desangró de narices.
El iPod estaba metido en su idea de hilar canciones de Smashing Pumpkins con NIN. Pasé por fuera de Starbucks y revisé mi billetera. No había nada más que los 5 soles peruanos y los 200 pesos colombianos, así que caminé a la playa. Cuando me senté en el escaño de piedra gastada recordé que acá vine con una amiga una vez y que quedó la cagá, porque empezamos una guerra de arena que terminó con mi ojo derecho rojo. Recordé también que una vez vine a llorar. Plancha y de las peores caras de mi vida: fue una vergüenza ajena caminar por ahí.
Estaba aburrido y comencé a ojear el cuaderno de turno. Nunca tengo uno en específico y nunca me acuerdo que escribo en cada uno. Encontré que tenía -entre la materia de un ramo del año pasado- de esas mini-notas que quieren ser cuentos. Apuntes autistas y descargos varios. Junto con un par de anhelos que nunca pasaron. Fue casi como recordar todo lo que quise decir y que nunca dije para no andar sobrando. Para no herir, en una de esas. Si me pagaran por todas las veces que callé y que pude decir algo que realmente quería decir, pero que no dije porque pensé que en el futuro habría algún momento idóneo -tonto, nunca pasó-; no sería millonario, pero tendría de sobra para comprarme un auto. Uno piola y que me serviría como para tirarme al sur. Bencina incluída por un par de días. Fue raro, porque volví a ese trance inútil y sobretocado sobre las relaciones humanas. Y la gente. Ese extraño nexo sobre encajar.
Revisé todas esas películas que había visto sobre lo mismo y que cada vez me identificaban más. Las mismas preguntas y las mismas dudas eternas de sobre cómo funciona la gente. Sus problemas y miedos, sus ganas de ocultarse y arraigarse a uno. La cantidad de secretos y promesas y planes que a uno lo ligan al tiempo con todos los demás. Y como que le tomé peso y lo sentí en mi hombros, así que me desplomé y quedé acostado en la arena. Por suerte, mucha suerte, me quedaba un cigarro. Fue ad-hoc.
Mirando al cielo y buscando la forma de alguna tortuga es que me quedé con la idea de eso. Y descubrí que con el tiempo, con mucho tiempo y harto ensayo-y-error, me obligué a aplastarme dentro de mí y a tratar de fusionar una especie de personaje extrovertido con las cosas que siempre quise decir. Fue como si el autista que siempre fui se aisló aun más dentro de un personaje que controlaba desde adentro. Como haciendo el descubrimiento del siglo -y ni tanto- de que para ser un real autista había que estar rodeado de más gente. Mientras más extrovertido, más se alimentaba el ser solitario e incomprensivo -de la realidad, la vida, la gente, sus sentimientos, sus mundos, sus "verdades"- que se resguardaba detrás de un disfraz. Uno bastante malo, por cierto.
Reciclé harto rato hartas anécdotas y hartas verdades a medias. Un montón de confesiones que sonaron fuerte años atrás y que ahora eran nada. Y traté de pegarme bien fuerte al presente, rogando a dedos cruzados que otra vez las cosas no volvieran a cambiar, pero con el pesimista interno gritando que sucedería over and over again.
Ahí, justo, sonó Jean Michele Jarre y me dejé llevar y traté de apagarme un rato con tal de cambiar de onda.
Al parecer, la frecuencia no fue muy fuerte.
Cuando me paré habían pasado unos 20 minutos. Y vi las siluetas y las huellas en la arena. Y caché que la mía estaba algo más aislada de donde estuvo un grupo. Y a unos 5 cuerpos de huellas de una pareja que caminó junta. Dibujé con un dedo una silueta al lado de la marca que dejó el peso de mi cuerpo y me eché a caminar, borrando cada tanto las huellas de mis zapatillas.
La arena me lo había dejado claro: ser autista -encubierto, camuflado, fuera de foco- no era tan malo, pero cada cierto tiempo -y con mayor fuerza- pesaba.
Y cada vez que eso pasaba, era hora de simular más.
Total, mentir un rato es parte del juego.
Se le llama sobrevivir.
Y en ese juego no iré ganando, pero me defiendo.
"Levemente autista. Como todos los grandes.".
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sábado, 20 de noviembre de 2010
Little things.
Me gusta cuando me topo con una canción que me llega tan fuerte que siento una vibración en la nuca. Y que recorre mi cabeza y llega hasta mis ojos y se anuda en mi garganta.
Me gusta cuando tengo los pies fríos y encuentro calcetines y me los pongo y siento lo áspero amoldeándose, y mis dedos se sienten duros acostumbrándose al calor.
Me gusta cuando discuto y peleo y todo se va a la cresta y pasa un tiempo y todo duele y luego, un día de esos, todo comienza de nuevo y sientes algo que te invade por volver a retomar lo que se cortó.
Me gusta cuando estoy solo y la luz está apagada. Se oyen ruidos afuera y me siento horrible, hasta que pasa todo y me quedo dormido y al despertar la luz que se cuela por mis cortinas azules me recuerda que puedo volver a conectar.
Me gusta cuando me llega una carta y se puede sentir el olor del brazo que la escribió. Y las letras no son iguales y el papel se dobla un poco. El sobre mal cerrado y sin estampilla.
Me gusta cuando una película acaba y no me siento tonto por llorar.
Me gusta cuando comparto un trago y siento que mi vaso no lo vacío sólo yo. Sabe mejor, creo.
No me gusta cuando está todo bien y latente, cuando todo tiene una razón y las piezas concuerdan y en un sólo instante, la vida gira y todo lo que fue ya no es y la gente se va y nadie dice nada y todo lo que debía ser dicho se consume dentro de las gargantas que nunca más volverán a conversar.
No me gusta cuando los silencios aproximan y te anuncian que hay tanto debajo que no sale y que te mantiene alerta y no te deja dormir porque sientes el tic-tac y las paredes hablar.
No me gusta cuando los ciclos se repiten, interminables, a pesar de intentarlo todo de nuevo y más que antes y desgastarme mentalmente por algo mejor, pensando para peor y que al final no servirá de nada.
No me gusta cuando me revuelco en las sábanas y pienso en el futuro y me aterro y el cúmulo de cambios se mete en mi pecho y aterra cada célula, cada vello, cada fragmento de piel. Y no se va.
No me gusta cuando un cigarro muere en el cenicero sin ser fumado y no quedan más. Y me lamento el tiempo que gasté, acariciando las cenizas, deseando que todo estuviera en su sitio de nuevo.
No me gustan las mañanas de domingo, ni de lunes, ni de miércoles, ni de jueves, ni los 6 de cada mes, ni la primera mitad de mayo, ni la primera mitad de marzo, siquiera la primera mitad del año.
No me gusta cuando callas y sé que hay más.
Pequeñas cosas que calan. Pequeños asuntos que amontonan como polvo sobre las yemas de los dedos.
En todo caso, cada día es eso: pequeñas cosas.
Y cada pequeña cosa crea una consecuencia mayor.
Para bien o para mal, siempre mayor.
And I'm just a man.
Sadly.
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lunes, 15 de noviembre de 2010
Trotamundo.
Un cerro y me deslizo. Caigo rodando sobre la hierba espesa que es como olas que se amontonan en mi piel. Estoy medio despierto, medio dormido. Siento el sueño acumulado en los párpados, cerrándolos a fuerza, apretándolos contra la almohada. Siento piel. Una escena que se extrapola. No, no es tan así.
No sé cómo medir el asunto. La imagen se detiene y se congela. Freeze. No hace frío, hace calor. Un abrazo, quizás. ¿O es sólo hierba? No supe si era el sol abrazándome desde la cordillera o si eran brazos. Mis oídos escuchan palabras convertidas en sonidos mínimos, monosílabos, haciéndome peticiones y yo respondiendo sin sentirme presionado. A gusto. Y el momento se pone en repeat. Se estira hasta que la cinta llega a su fin y es imposible seguir grabando.
Estoy despierto y nada lo soñé. Tuve razón desde el principio y me reí por ello. Sonreí.
A pesar de todo, sonreí: porque las espinas que crucé para poder librarme de los cerros largos ya no estaban. Mi piel estaba rota y las magulladuras ya no sangraban. Habían heridas, pero ya no importaban. Había despertado completamente y lo que pensé era sueño había sido verdad. Lo sabía, pero no había forma de hacerle comprender a mi cerebro que así era, hasta que tuvo pruebas.
A pesar de todo lo ocurrido, de nuevo sentía el calor. Y yo corriendo siempre hacia el oeste, para evitar que ver los rayos aparecer desde el este.
Pero el este me alcanzó y justo en el momento indicado.
Otra vez amanecía.
Y está bien.
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martes, 9 de noviembre de 2010
Love Cats.
Si usted no me entiende, no se preocupe, no se caliente la cabeza.
Si usted me entiende, siéntese, espere y guarde silencio.
:D
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martes, 2 de noviembre de 2010
Máquina de mañanas.
Estadio vacío lleno de cúmulos de estática, de polvo, de entrañas.
Sigo esperando agarrar una cuerda y estirar las horas.
Las estiré larga, pero nunca suficiente y ahora que recuerdo haber saboreado cada segundo,
lamento no haberlo saboreado el doble de lo que se pudo.
Recito los lazos de tiempo y busco vehemente serenidad,
la encontré lo aseguro, lo creo, lo rezo,
esperé encontrarme de bruces con mi deseos e incertidumbres
y encontré más de lo que pude meter en mi cabeza, mi cerebro, mi sobre.
No explico, no rebusco, no limito.
Me dices "no sé, no sé" y yo imito,
cierro los ojos, no los necesito y te respondo:
"yo tampoco sé, yo tampoco sé, no necesito saberlo".
Sentí que el espacio respiraba en mi cara y que las paredes abrían,
sangraban, se escurrían y se tendían a lo largo de las nieblas olvidadas del último día.
Abrí la boca y pensé que caía como pez en cebo,
pensé que había arruinado todo de una y dos y tres con miedo.
Me dices que nada y no sé si me reservo los comentarios que asoman en tus comisuras,
te creo y los candados melancólicos esperan los dientes de tus llaves en letras,
saliendo de tu boca como balas de salva, como titoteos al aire, libres, reveladores.
Espero en silencio que las noticias sean dulces y bailables, serenas, cercanas y atesorables.
Me miré en martes, supe que fui fin de semanas y que goteé anhelos.
El cuerpo, perdido, ahuyentado por los pájaros negros anidando, echando raíces, pegados en tu espina,
Y yo con cruces y a la deriva, camuflando marchites, aguantando, tragando saliva;
escuchando a mi cerebro suplicando por paralelos con demasía, incrementos y quizás alegrías .
Escrito y sin borrón pero con sangría, señalando el expresso, las vías, tu vida;
me lloré las sábanas y los cantos del gallo al salir el día, contento, con sueños, durmiendo, despierto.
Sin huesos licuado, con el alma en la boca, con los pies en el techo y las manos en roca tierna,
los ojos en Marte, la lengua en el estómago y el corazón en las piernas;
miré, vi el horizonte, vi la luz, vi la sombra, vi todo menos eso y eso era mañana añorando drogado algunos ejemplos.
No dije nada y no callé todo. Sordo no lo dijo, mudo no lo oyó.
Era más fácil comprender el hecho en rojo vivo que los dramas en milímetros.
No sé qué pase ni sé que espera la vida, la risa, el fuego ni la ceniza.
Me quedo con las noticias. Me quedo con eso y con las aletas al respirar como almohadas.
Me quedo con el aire y con la máquina de mañanas.
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domingo, 31 de octubre de 2010
Ebriedad: concepto erróneo.
Revisé tres veces mi pieza antes de salir. No encontré vestigios tuyos, no encontré nada que llevarme al salir más que el recuerdo. Las estrellas no parecían nada más que ideas que se suspendían sobre mi cabeza: insistentes, lánguidas, persistentes, decaídas. Pisé tu ciudad y esperé más de lo usual y no pasó nada. El estrecho entre las calles era un débil velo que resguardaba el licor. Un pretexto más, que va.
Uno y dos y tres para adentro. Cuatro, quizás. Podrían ser más. La noche es larga y da lo mismo, nadie pesca a nadie y es normal ser anormal. Miro los ojos y siento como me persiguen. Paranoias aparte. Quizás es verdad. Siento que taladran y buscar, reacios a lo cierto, enfermos, olvidados. Sus cuerpos populan las calles como zombies, esperando caer en tentación y sin librarse del mal, amén.
Sentí -creo, no lo aseguro, puede ser un espejismo- el paso del engranaje de los días sobre mi piel. El cambio incesante e inestable de los hechos y sus horas y sus sonrisas borradas, sólo almacenadas como una débil imagen fragmentada en mi mente. Si cierro los ojos, puedo verla mejor, si los abro el cine para de proyectar.
No es que no vea, no es que no sienta, no es que no crea, no es que pretenda alejar. Soy un nervioso y los sueños me provocan terror. Soy un niño en su primera fiesta, su primer día de colegio, su primer beso. Soy un primerizo en mi vida. Soy nuevo en todo lo que ya viví.
Tuve un presentimiento y lo volví comida. Lo mantuve dentro mío por si algo ocurría. Tuve en mis manos el número que quise marcar y no lo hice. El saber lo que sucede, adelantarse dos segundos a lo que va a pasar quitaba toda sorpresa. Y entonces miré al mar y un barco me lo tapó. Traté de rastrear el horizonte, pero me perdí entre los recuerdos y las luces y los deseos que le pedí a esa estrella fugaz que terminó siendo un avión con gente esperando volver.
Caminé a ojos cerrados mientras los hombros de la gente creaban moretones en los míos. No me importaba: el ritmo y el paso estaban en mi mente y se conectaba por mis huesos a mis pies. Caminar hasta que sangren las plantas de los pies no es mala opción. Quiero detenerme. Fumé un cigarro. Me detuve, al fin.
Calculé que faltan exactamente 184 piezas en mi puzzle. De las cuales sé donde están dos. Y hay una que perdí y que no quiero buscar. Oía las micros pasar furiosas, cumpliendo de malas su deber. Y sentí que mi casa estaba tan lejos y odié la ciudad y sus perros y su gente y sus edificios que al amanecer se atoraban de cuerpos mal olientes. Cuerpos ajenos y vacíos. Cuerpos esperando estallar.
Siento que mi cuerpo me deja. Mi mente baila en serotonina barata y mi sangre en alcohol de mediana calidad. Es todo una ilusión que no cesa, es un show que nunca acabará. Y pienso que las calcetas que tiré sobre la tele estaban frías y que mi pies no sangraban en lo absoluto.
Quise que estuvieras presente pero no fue así. Quise conversarme otra cerveza con mis amigos. Quise saber los secretos que ocultas bajo tu pelo. Quise conocer tu vida a ver si me inspirabas a escribir. Quise oír a ver si tenía algo que aportar. Quise vencer el nerviosismo y actuar en serio. Quise poder ser un aporte importante a tus días. Quise que todo esto fuera verdad.
Y con esos pensamientos vagabundos en mi mente es que me fui a dormir.
Para tratar de comprobar si es que durmiendo se puede descansar.
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