Podría pecar de previsible, pero da lo mismo. Tampoco soy culpable de nada. Punto uno, no es que no quisiera escribir, no podía. Punto dos, sigue siendo extraño que a pesar de que uno crea en algo toda la vida, de repente te aburras de tener razón. ¿Cuánto me demoré? Un minuto cuando veía al suelo, más o menos. Bueno, era así la cosa, minutos más, minutos menos, toda una orquesta coordinada para que las cosas ocurran.
Debía pasar, yo cacho. ¿Para qué? Ni idea. Darme cuenta de algo, quizás.
Eso es lo curioso. Sé y no sé.
Y vi un fantasma, pero no sé si yo fui visible también. A lo mejor fui transparente, tendría sentido. Y eso que creo que ahora soy un poco más opaco que antes, y no es por el sol.
20 minutos de querer escribir como bestia, pero imposible: había cedido mi asiento.
Ver todo y ver nada.
¿Se cacha?
Hay gente que está y no está al mismo tiempo.
Yo no sé, pero lo que sí sé es que yo no era un fantasma. Yo estaba allí.
Quizás sí, estaba allí: solo, como en casi todos mis viajes en metro.
La realidad es siempre, siempre, SIEMPRE, más extraña que la ficción.
Eso está claro.
O está más o menos claro, hasta que pasa.
sábado, 31 de marzo de 2012
Parece que viste un fantasma.
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[Shein]
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3:45
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Me suena como a Historias cortas., Insomnio, Nada, Paréntesis
lunes, 4 de abril de 2011
>implicando que tenga ideas.
Iba a escribir algo, pero nunca supe bien qué quería que saliera.
Quizás mañana.
Lo que sí tengo claro es recordar esta frase que dije hoy:
"Siempre pienso en los diálogos primero".
No tiene importancia, ni significado, para nadie más que para mí.
Y es cierto, totalmente verdad.
No sé qué quería escribir ahora, pero sé que algún día lo haré.
También sé que dije algo alguna vez que haría si alguna vez escribía algo grande.
Y aunque no tenga significado ahora, o en aquel entonces -que muchos años más pueden pasar- lo haré.
Promises are promises.
Porque si yo no las recordase o yo no las fuera a cumplir, quizás se perderían para siempre.
Mal que mal, he contado millones de veces por qué comencé a escribir.
Lo que no todo el mundo sabe es qué me alentó a seguir haciéndolo.
Y eso, queda para mí.
Uno de los tesoros secretos que se quedan dentro de la boca, de la tinta y del alma.
Anyway.
Mañana algo saldrá.
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[Shein]
siendo las
6:11
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Levanta(n) la mano.
Me suena como a Insomnio, Never Forget
viernes, 28 de enero de 2011
Insomnio incoherente.
Las mañanas ya casi siempre me parecen iguales. Las mañanas parten con Friends y las noticias aparecen tipo las 8. La ventana semi-empañada ocultando una día que se levanta medio nublado. Quizás, con algo de suerte, algo de Coca-cola queda en la botella. Siento mis pulmones hinchados en humo, contraído. Siento mis ojos pesados, pero el sueño me repele. Una vez escuché a alguien que dijo -o quizás lo leí- que cuando uno soñaba se metía en el mundo perfecto. Creo que me sucede todo lo contrario.
Hoy me levanté -no me acosté- con la cabeza revuelta. Como si mi cerebro fuese una olla a presión con agua hirviendo. No veo salir el vapor. Siento como si las venas de mi frente se hincharan, casi como anunciando que mi cabeza quiere hacer corto-circuíto. Tengo miedo, yo cacho. Tengo lata. Tengo y tuve todo y siento como si fuera nada.
Veo los callos y cortes y las uñas mordidas de mis manos y es como si todo lo que ha sucedido hasta hoy es un mero capítulo de una serie que no vi más. Todo lo pasado y el hoy son como nada. Como si hubiera estado durmiendo, como si lo hubiera inventado en mi cabeza, jugando con mis peluches. No sé si lo que sucede conmigo es algo permanente o es algo que salta de a poco. Pensaba que ya menos que antes.
Pensaba que a mi cabeza le era más fácil ocultar. Olvidar no es una opción, ocultar y hacerse el hueón era la fórmula perfecta. Era.
Me veo al espejo y tengo unas ojeras gigantes. Miro mi pelo largo y me pregunto todo lo que han visto, todo lo que han sentido y todo lo que ha pasado y que nunca volverá a pasar. Miro mis ojos y noto que las venas no están hinchadas como pensé. Están algo rojos. Ojalá tuviera Clarimir.
Caché, de la nada, divagando, extraviándome; que tengo tantas cosas que preguntar. Lo penca, lo lata, es que son ese tipo de preguntas que no debo hacer. De esas que sólo deben quedar entre tu pensamiento y el inconsciente. Preguntas que cansan, latean, aburren, extinguen, absorben de una manera tan enferma que las preguntas más importantes de la vida parecen ser triviales. Y creo que me están consumiendo y me da esa especie de paranoia de preguntar: A ver, con quién es tu lealtad, ¿conmigo o con quién nunca te aportó nada más que la mano una vez que salió una problema tan mínimo que duró menos de un mes?
Ya no sé en quién contar. Pero eso no es lo que pasa, es una consecuencia. No, no es el problema: es el residuo.
Supongo que cuando un alma es fracturada, no se vuelve a unir. Y si es que sana, no sana igual. Supongo que cuando uno es traicionado o herido o golpeado, nunca vuelve a ver un mismo evento similar como algo seguro. Siempre hay algo escondido, una paranoia, un sentimiento perseguido que no te deja pensar igual. No te deja disfrutar, vivir, respirar igual.
Sea lo que sea que suceda conmigo, no me gusta. No me agrada cerrar los ojos y despertarme de súbito con las mismas caras incrustadas en el interior de mis párpados, recordando todas esas canciones y lugares y seres extraños, en situaciones cuáticas, en días memorables que ahora no tienen significado alguno. No estoy de acuerdo con, cada tanto, sentir que todo lo que camina es mi enemigo y que todo lo que sucedió alguna vez murió conmigo y que la vida, para siempre, nunca más, hasta que de mi último respiro en esta puta tierra, sucederá.
¿Tan poderosa es una decisión?
¿Alguien mide, alguna vez, las consecuencias que tienen?
Me siento torpe. Me siento niño.
Siento que la vida ha avanzado tanto, que el cronómetro ya ha marcado tanto y yo recién estoy terminando de leerme el manual. Y, aun así, si me hicieran una prueba ahora mismo reprobaría.
Es simple: no tengo salvación, nunca me podré acomodar a la realidad.
Piensa en las cosas que te hacen sentir
cada segundo vivir o escapar
Este momento y la gente al pasar
Sientes por dentro que todos se van
Sientes por dentro que todos se van
Sientes por dentro que todos se van…
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[Shein]
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8:54
1 Levanta(n) la mano.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Bruises than won't heal.
Miro al techo y no pasa nada. No llueven cigarros, ni nada por el estilo.
Miro mis manos y no pasa nada.
Miro mi boca y está vacía.
El espejo, creo, es un consuelo que no me queda. No me sirve, no me agrada.
No sé que ha sucedido, ni sé que pasó. Lo que sí sé es que quedé en medio de una tormenta.
Quedé dando vueltas.
Y no quiero girar más.
No sé por qué tuvo que suceder esto.
Justo hoy.
Justo ahora.
Justo al final
Justo cuando todo tenía un orden aparente.
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[Shein]
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4:19
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Me suena como a Insomnio, Paréntesis, Realidad
sábado, 20 de noviembre de 2010
Little things.
Me gusta cuando me topo con una canción que me llega tan fuerte que siento una vibración en la nuca. Y que recorre mi cabeza y llega hasta mis ojos y se anuda en mi garganta.
Me gusta cuando tengo los pies fríos y encuentro calcetines y me los pongo y siento lo áspero amoldeándose, y mis dedos se sienten duros acostumbrándose al calor.
Me gusta cuando discuto y peleo y todo se va a la cresta y pasa un tiempo y todo duele y luego, un día de esos, todo comienza de nuevo y sientes algo que te invade por volver a retomar lo que se cortó.
Me gusta cuando estoy solo y la luz está apagada. Se oyen ruidos afuera y me siento horrible, hasta que pasa todo y me quedo dormido y al despertar la luz que se cuela por mis cortinas azules me recuerda que puedo volver a conectar.
Me gusta cuando me llega una carta y se puede sentir el olor del brazo que la escribió. Y las letras no son iguales y el papel se dobla un poco. El sobre mal cerrado y sin estampilla.
Me gusta cuando una película acaba y no me siento tonto por llorar.
Me gusta cuando comparto un trago y siento que mi vaso no lo vacío sólo yo. Sabe mejor, creo.
No me gusta cuando está todo bien y latente, cuando todo tiene una razón y las piezas concuerdan y en un sólo instante, la vida gira y todo lo que fue ya no es y la gente se va y nadie dice nada y todo lo que debía ser dicho se consume dentro de las gargantas que nunca más volverán a conversar.
No me gusta cuando los silencios aproximan y te anuncian que hay tanto debajo que no sale y que te mantiene alerta y no te deja dormir porque sientes el tic-tac y las paredes hablar.
No me gusta cuando los ciclos se repiten, interminables, a pesar de intentarlo todo de nuevo y más que antes y desgastarme mentalmente por algo mejor, pensando para peor y que al final no servirá de nada.
No me gusta cuando me revuelco en las sábanas y pienso en el futuro y me aterro y el cúmulo de cambios se mete en mi pecho y aterra cada célula, cada vello, cada fragmento de piel. Y no se va.
No me gusta cuando un cigarro muere en el cenicero sin ser fumado y no quedan más. Y me lamento el tiempo que gasté, acariciando las cenizas, deseando que todo estuviera en su sitio de nuevo.
No me gustan las mañanas de domingo, ni de lunes, ni de miércoles, ni de jueves, ni los 6 de cada mes, ni la primera mitad de mayo, ni la primera mitad de marzo, siquiera la primera mitad del año.
No me gusta cuando callas y sé que hay más.
Pequeñas cosas que calan. Pequeños asuntos que amontonan como polvo sobre las yemas de los dedos.
En todo caso, cada día es eso: pequeñas cosas.
Y cada pequeña cosa crea una consecuencia mayor.
Para bien o para mal, siempre mayor.
And I'm just a man.
Sadly.
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[Shein]
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6:21
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Me suena como a Insomnio, Música, Paréntesis, Realidad, Recuento
lunes, 18 de octubre de 2010
El insomnio es sólo una consecuencia.
La idea hoy era acostarme temprano. Pero no: acá estoy, tarde. Fumando, tomando -paradójicamente sano- un vaso de leche, tratando de sacarme los últimos pesos de encima para poder dormir. Es -o era- domingo y los sigo odiando. Su lentitud y yo estando echado. Con una canción que suena desde la tarde -desde la noche de sábado- y que se mantiene en un loop constante en winamp. En repetición. Una canción de mi pasado y que dice tantas cosas que alguna vez quise decir.
¿Cuál? Nah, nunca tan pavo. Nunca soltar todo, siempre algo de misterio. Y no, no la scrobblié en Last.
Los días han transcurrido como si nada, mientras yo estoy estirado y rasco los pelos al borde de mi ombligo. Han sido días que se han mantenido con el mismo tono: solitarios, lentos, con alguna que otra risa esporádica. Nada tan malo, nada tan bueno. Neutro, totalmente al medio. Peaks bajos, ninguno alto. El otro día salté mis ojos donde no debí y me dolió la cabeza. Me caí, estuve un rato paralizado, de piedra, en cámara lenta y en blanco y negro. Fue uno de esos momentos en que me hubiera gustado hundirme, pero no lo hice. Ya no soy lo que era. Me sentí bobo, harto. Me sentí un ajeno en mi cabeza y me reí de mi mismo por ser incapaz de completar algo. Y también recordé que eso jamás lo iba a poder completar y que sería un punto suspensivo que sería permanente. Uno -otro más- de esos recuerdos eternos y que aparecen sin que lo premedites a cada cierto tiempo, apuntando, frío, acusador.
Pasó, no lo pude evitar.
El jueves desperté y fue tarde. Me quedé en bóxers frente al ventanal del living largo rato mirando el poco sol que había. No había nadie y parecía que yo tampoco. Lo único que amortiguaba el silencio era el interminable tic-tac del reloj del living. ¿Que hacía yo parado en medio de la nada, medio desnudo y sin expresión? No me acuerdo. Pero recuerdo que no quería saber nada que ocurriera ese día. Que si la semana había sido inerte y lenta, ese día lo sería más. Más lento, más seco, más ajeno, sin nadie. Caminé y fumé, por la casa, evitando ciertas piezas. Me senté un rato en los escalones mirando al patio y me paré y fui a jugar con mi perro.
Estuve largo rato acariciándolo, fumando, mirando. Me acaricié el labio y noté los vellos que crecían y que formaban casi un bigote que debería rasurar. Y fue ahí cuando pensé que cuando estaba más solo que un dedo, al menos, estaba con mi perrro. Y eso, no había sucedido nunca.
Subí a la pieza, me puse algo de ropa y me tiré en la cama y ahí me quedé. Y no fui nada, sólo una mente volando en un cuarto de un metro setenta y uno, y de sesenta y tres kilos. Y repasé y cree y escuché canciones que se perdían en las ruinas de lo que fue un disco duro. Me sentí solo. Y lo estaba. Cuando llegó gente a la casa, las cosas no cambiaron.
Me paré, fui al baño y me miré al espejo. Recordé que ese espejo una vez me miró a mí y a alguien más y que me reí. La escena no era la misma y mi pelo estaba corto. Ahora es una mezcla de mechones que no saben donde caer.
Era extraño seguir recordando, como si se tratase de la última voluntad de un fantasma. Pero no era tan sólo eso, era también todo y todo lo nuevo. Era estar de nuevo en esta posición, y recordar y comparar que esto no ha pasado una sola vez. Era como ser inexperto de nuevo. Sin nada de todo lo que me adorné tiempo atrás.
Odié, mucho, las conexiones. Ese día y los que vinieron hasta hoy. Me pareció extraño como es que el destino -y la lógica, la puta lógica- seguían haciendo de las suyas. No supe cómo explicarle a nadie cuando me pareció curioso y extraño ver los hilos que unen todo. Alguien lo notó. No me dijo nada. Yo tampoco.
El sábado me vi en octubre y recién lo supe. Recién reaccioné. El tiempo ha avanzado sin que nadie le diga nada y el cúmulo de situaciones, eventos y personajes no han sido pocos. Y yo, aun tratando de aprenderme el mantra de que "la vida sigue, sea lo que sea que ocurra". Pensé en muchas fechas y en muchos días y me dieron ganas de escribir una carta. A quien sea, a cualquiera. Poder comunicar a lo lejos, destinado, por correo, todo lo que sucedía. Mi pedazo de historia en la vida, lo que uno le cuenta a los amigos más íntimos pero que cuesta tanto sacar. Estaba, de nuevo, viéndome al espejo. A ver si algo había cambiado en mi cara más que el incremento de las ojeras.
Y me quebré. No sé si porque estaba muy mal o muy bien o sólo porque necesitaba sacar algo. La cuestión es que vi imágenes y sonidos y todos pasaban rápido, como cuando vuelves de un desmayo. Y supe que la soledad y el miedo permanente a no terminar nunca nada siempre estarían en mí. Y que serían mis fantasmas y que estaría toda mi vida tratando de exorcizarlos.
El único sonido ajeno que rompió todo ese caos fue mi celular. Un mensaje había llegado. Lo vi y cerré los ojos.
No estaba tan solo como creía.
No tengo idea de si lo que quería que saliera de mí salió. No me queda claro, pero al menos siento algo más vacío. Al menos, sé, que hoy no reventaré. Y que mañana, debo mirarme al espejo, a los ojos, sin miedo y enfrentarme y aprender a cumplirme a mí mismo.
Aprender, de una vez por todas, a hacerme caso cuando me digo lo que debo hacer.
Y ahora, Felipe, lo que debes hacer, es dormir.
Supongo que sí.
No se procesó por
[Shein]
siendo las
6:16
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Levanta(n) la mano.
Me suena como a Insomnio

