viernes, 5 de julio de 2013

Open the door, please.

Había, entonces, un paraje abierto y tantas como ninguna posibilidad por delante.
¿Cuál es el pequeño diferenciador entre que algo ocurra y que no ocurra?
Al final es uno.

Solía, antes, tener un cuadernito, que en primer lugar fue un montón de papeles con un corchete, donde anotaba todas las ideas que tenía porque tenía la afición, el sueño, de pensar de que alguna vez se me ocurriría algo interesante que escribir con ello. Ahora ese cuaderno desapareció, hace algunos años, y la mayoría de esas notas terminan almacenadas en mi cerebro. El problema es que desaparecen tan rápido como aparecen. Supongo, es, un efecto lógico.

Esa fue una posibilidad que quedó en stand-by.

La pregunta ahora sería: what's up next?

No tengo ni la más mínima idea.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Moizefala




Noche musical.
Hace mucho que no escuchaba música.

sábado, 6 de abril de 2013

Quiero estar conectado de nuevo.
Siento que estoy a la deriva sin ancla.
Extraño a mi boni.
Me extraño a mí.
Extraño reírme como tonto.

viernes, 5 de abril de 2013

Un agujero en el corazón.
Un silencio inquietante en el alma.
Los brazos tensos y los músculos débiles.
Lluvia que no cae del cielo.
Aletargamiento cerebral.
Torpeza de palabra.
Ceguera lobular.
Esternón sin relleno.
Párpados cansados.
Piernas de plástico derretido.

No puedo explicar esta pena.
No puedo explicar por qué mi cuerpo se siente vacío y de cartón.
Varios días de pena en silencio no pueden ser normal, ¿cierto?
¿Y qué he hecho yo para estar así?
¿Por qué tengo pena, si soy yo el que siempre pide sonreír?
Tanto miedo y tanto frío.

Miedo.

Y frío.

sábado, 30 de marzo de 2013

Sólo un minuto.

Hay veces que me siento muy subestimado. Como si fuera muy sencillo hacerme pasar gato por liebre. Como si fuera tonto. Me carga que piensen que no entiendo a la primera. Que si digo algo es por doble sentido. Que me crean deshonesto. Me carga que duden de mí cuando no ando escondiendo nada.
¿Qué le cuesta a la gente ser honesta? Nada. Cada tanto me da por pensar que yo entrego mucho más de lo que debería. Que cedo mucho. En general, con todo el mundo. Tantas veces me ha ocurrido que yo salgo para atrás, que salgo perdiendo y en menos por lo mismo. A veces se terminan aprovechando. A veces me terminan atropellando.
No es que me quiera martirizar, ni mucho menos, pero realmente no entiendo cuál es la idea de tanta complejidad en la vida. Como si ya no fuera lo suficientemente compleja. No entiendo las búsquedas de la quinta pata al gato. No quiero ser la víctima ni nada, pero puta, es lo que siento no más.

Siento que, a veces, la gente es deshonesta porque sí.
Siento que, a veces, la gente es desconfiada porque sí.
Y porque nadie es capaz de creer.
Porque nadie es capaz de empatizar.

Sólo quiero estar tranquilo.
¿Acaso eso es mucho pedir?

viernes, 28 de diciembre de 2012

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Siempre me quedó grabado eso.

sábado, 13 de octubre de 2012

Despertar en 0.

Me dijeron que las canciones se acumulan con el tiempo como motas de polvo en los zapatos.
Me dijeron palabras que nunca esperé escuchar y que ahora se apilan también sobre mis zapatos.
Me acuerdo de las noches de lluvia con música, empapado hasta los huesos, cantando a todo pulmón, muerto de frío, pero que sumando la lluvia, era todo perfecto.
Me acuerdo de las veces que desgasté mis suelas de las zapatillas por tanto deambular por Av. Valparaíso y que el final siempre era en 6 norte, en el roquerío derecho, pasado el borde cortado de concreto, dos rocas más adelante donde estaban -ya no, el otro día pasé y ya no existe- las líneas en pintura blanca y corrector de todas las veces que fuí.
Me recuerdo lo mucho que odio Valparaíso y lo lata que me da pisar Quilpué, ambos límites de Viña. Y que a pesar de ser tan amplia, cuando la miras de cerca y sin necesidad de lupa, te das cuenta de lo pequeña que es. De lo -aún- provinciana que es.
Me recuerdo lo mucho que falta y poco que queda. Los sueños que le he contado a mi almohada, porque nadie más los podría escuchar. Las pesadillas que me han despertado y de las que antes escribía y que hace unos años aprendí a guardar, pero no teclear.

El otro día sacaba fotos, tratando de acostumbrarme a mi cámara, en el centro. Me interné por muchos lados y terminé siempre girando en torno a la costa. Pasó ese caballero que siempre veo: el mudito que anda con flores. No me hizo el mismo gesto que me hizo una vez.
Pasé por las rocas y ya no eran las mismas. Cuando me quedé parado en algún punto entre 7 y 9 norte, me di vuelta y me observé cómo había cambiado el lugar. No era tanto, pero ya tenía otra forma. Un leve dejo de cambio, una muy prematura nueva cara. Hace tiempo que aprendí a tomarle el peso a los años que cambian, pero aun no puedo creer que no me de cuenta cuando ocurre. Que sea en momentos así, solo y sin nada que hacer, cuando se me ocurra ver mi agenda o caer en cuenta del tiempo que ha pasado.
El cielo estaba rico, con un sol tibio pero sin quemar. Sin frío. "Si fuera más de frente, o un poco más valiente, no bastaría con dejarlo todo así" suena en el iPod. Fue cuando el frío asechó que me comencé a marchar. Aun sigo sintiendo raro caminar por Av. Libertad solo, al anochecer.
Por cierto, ninguna foto salió buena.

[...]

No, en serio.
Ninguna foto salió buena.

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